Carta a los corintios en la sombra 13.1

mayo 28, 2012

Hay un texto que leen los curas en casi todas las bodas religiosas. La famosa carta de San Pablo a los Corintios, que dice así:

” Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe.

 Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada. 

 Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada.

 El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, 

no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido,

no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. 

El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

El amor no pasará jamás. Las profecías acabarán, el don de lenguas terminará, la ciencia desaparecerá.”

Últimamente he estado hablando con algunos fotógrafos acerca de las similitudes que unen al mundo de la fotografía con las religiones. No me atrevo aún a profundizar en ese espinoso asunto, pero sí que me voy a servir de San Pablo para explicar mi conclusión del taller que Donald Weber impartió este sábado en un lugar secreto de una ciudad secreta.

Donald Weber es un magnífico fotógrafo documental, que sin embargo, puede que acabe siendo más conocido por los talleres que imparte acerca de cómo presentarse a becas y ganarlas.

Durante unas horas, te enseña cómo ha hecho él para ganar casi 200.000 $ en becas en 5 años. Te enseña su currículum, las distintas presentaciones, textos, estructuras narrativas, maneras de hacer presupuestos, psicología de jurados… muchas cosas que ya todos conocemos, pero obviamente no muy bien, si tenemos en cuenta el número de becas que hemos ganado a lo largo de nuestra vida. Nota: si has ganado más de 5 becas importantes, este artículo no te incumbe.

Donald es muy inteligente, porque además de haber descifrado la manera de penetrar en los corazones de los jurados de las becas más importantes, también ha identificado el hecho de que la mayoría de los fotógrafos se sienten inseguros acerca de sus cualidades de presentación y promoción. Y ahí ha encontrado una mina de platino.

Y tal y como suele ocurrir con la gente que hace bien las cosas, no le cuesta nada enseñarnos sus trucos mágicos. Y no le cuesta nada, no porque sea un franciscano, desprendido de todo bien material. Más bien al contrario. Donald es una fierísimo competidor. Casi diría que es un depredador curricular, un cazador de méritos. Pero no se guarda ninguno de sus presuntos secretos, por la sencilla razón de que el verdadero secreto es imposible enseñarlo ni transmitirlo. Nada de todo lo que Donald enseña sirve para nada si no existe previamente una idea.

Y aquí está finalmente la conexión con la carta a los Corintios:

 ” Aunque yo conociera todos los trucos de presentación del mundo, si no tengo una idea, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe.

Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todo lo que los jurados quieren saber, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo una idea, no soy nada. 

 Aunque repartiera todos mis trucos para ganar becas y entregara mis cuadernos de notas, si no tengo una idea, no me sirve para nada.

Quien tiene una idea es paciente, es servicial; quien tiene una idea original no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, 

no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido,

no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. 

Las ideas todo lo disculpan, todo lo creen, todo lo esperan, todo lo soportan.

Una buena idea no pasará jamás. Las profecías acabarán, el don de lenguas terminará, la ciencia desaparecerá.”

Donald es, sobre todo, una fábrica de ideas. Si alguna vez habéis sentido que habéis tenido una idea sólida, un proyecto original, sin fisuras, sabéis a lo que me refiero. Nada te hace más generoso que saber que lo único que te puede hacer sombra es una idea original; y en ese caso, se aplica lo de que “a quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija”

La santa indignación de las ursulinas.

mayo 21, 2012

He viajado en coche miles de kilómetros sin cinturón de seguridad; he conducido bajo los efectos del alcohol, he ido en moto sin casco durante años. He viajado en autoestop con 16 años y he follado sin condón, cuando ya se sabía que no era una buena idea. Empecé a fumar con 15 años, lo dejé con 30 y ahora fumo cuando comparto alguna caña con otros fumadores, lo que hoy por hoy es un acontecimiento digno de ser destacado. Hoy, como mi casa es mi oficina, la ley dice que no podría fumar en mi casa si quisiera. Bueno, la ley también dice que tengo que hacer un simulacro de incendio al año e indicarme a mí mismo dónde está la salida de emergencia. Sobre la montaña de leyes incumplibles que nos gobiernan, podemos hablar otro día.

El caso es que hace poco caí en la página de Frieke Janssens, una fotógrafa belga que se dedica principalmente al mundo de la publicidad, por cierto con muchísimo talento y capacidad. Domina la puesta en escena, la composición, y es muy muy buena con el uso de la luz. Es una gran fotógrafa publicitaria.

Pero no es eso lo que quiero destacar hoy. Lo que me ha llamado la atención es un proyecto personal que se llama Smoking Kids y que va de… sí, de niños fumando.

Y claro, me ha parecido bastante provocador. Me ha producido un rechazo inmediato, pensando en mi pobre Pablito ya dándole al cigarro.

Al tiempo que sufría esta reacción negativa, una voz interior me decía “no te preocupes, Carlos; esto no es más que otro habilidoso truco de  photoshop hecho por una auténtica experta. No te preocupes. Esos niños no han fumado para la foto”

Pero mira tú por dónde, cuando llego al making of , resulta que sí, que los niños han sostenido en la mano verdaderos cigarrillos, aunque sean de hierbas medicinales.

Y de nuevo, mi voz puritana se alarma y reacciona indignada, al mismo tiempo que mi yo del pasado me grita al oído que “no pasa nada, hombre, que tampoco los niños van a morir por simular un paseo por el lado salvaje durante un rato”. Mi voz del pasado, superviviente de los peligrosos 80 me dice que quizás nos hemos convertido en ursulinas amojamadas, y que no estaría de más aflojar un poco la mano. Mi yo del pasado convence al yo del presente de que en realidad, le envidio a Friecke el valor de exponerse al escarnio público, y la capacidad de provocar en mí una reacción que contiene más de una dimensión y que transciende a la fotografía misma.

Y a vosotros, qué os parece, ¿merece la pena hacer del tabaco algo atractivo para un niño con tal de montar un poco de lío, o nos la cojemos con papel de fumar?

El álbum de cada espiga.

mayo 14, 2012

No hace tanto tiempo en realidad, que nos hemos convertido en eruditos de libros de fotos. No sé exactamente cuándo empezó, pero recuerdo que el acontecimiento que marcó el principio de la popularización del fotolibro como objeto de estudio fue la publicación de “The Photobook: a History 1 & 2″ por Gerry Badger y Martin Parr. Tal y como suele ocurrir, todo el mundo pensó “qué casualidad, que coincidencia mágica, ahora que llevo una temporada super concentrado en esto de los libros de fotos, va y aparece un libro que parece hecho a la medida de mis deseos.” Porque así funciona, somos como las espigas en el campo: nos movemos en la misma dirección que el viento, pero nos creemos que somos nosotros los que generamos el viento. Es como cuando de niño creíste ser el primero en comprar el cubo de Rubik, o que fuiste tú el primero que se hizo un llavero con el cable retorcido del teléfono.
Pues bien, si últimamente has empezado a recopilar fotos heredadas de la familia, estás haciendo una maqueta de libro pegando fotos en un cuaderno de espiral o simplemente estás diseñando un librito como si fuera un antiguo album de fotos, enhorabuena! estás en el campo adecuado. Rodeado de otras espigas que también se mueven en esa dirección. Y tal y como ocurrió con el libro de Martin Parr, resulta que una genial visionaria, Verna Posever Curtis, ha leído tu pensamiento y ha decidido publicar “Photographic Memory. The album in the age of photography”, que es un estudio recopilatorio de albums de fotos.

Albums de autores en pleno proceso creativo, o de anónimos aficionados a las fotos de las vacaciones. En cualquier caso, un objeto que certifica definitivamente que tus abuelos en realidad eran diseñadores vanguardistas, adelantados a su tiempo. La obra editorial que recoge el trabajo de maestros y anónimos y los mete bajo el mismo techo, consiguiendo el desesadísimo efecto de que nuestros albums familiares dejen de ser simples albums y pasen a ser objetos magníficamente diseñados.

No dejes que la crisis marchite tu sonrisa, piensa que tienes los cajones llenas de opúsculos potencialmente rompedores y merecedores de estudio. Alegra esa cara, porque vuleve el Pritt y la grapa. Basta de gastar fortunas en autoediciones de tapa dura. Ahora lo que se lleva es el cuadernillo con celo y manchas de café. Yo estoy encantado, porque tengo media docena de incunables. Al igual que las espigas que me rodean, me combo hacia un lado determinado, y hago como si no supiera que el viento son los dioses que soplan hacia donde quieren que miremos.

Cambiar de perspectiva y descansar un rato.

abril 29, 2012

Un vertido de crudo en el Delta del Níger, miles de norcoreanos llorando la muerte del viejo líder, un padre sostiene el cuerpo de su hijo muerto, un rebelde se retuerce de dolor con tres tiros en el abdómen, un soldado ni se mueve, con las dos piernas amputadas, cientos de necesitados hacen cola frente a un centro de asistencia, una chalupa lleva a diez vivos y a otros tantos muertos de una orilla a otra, una familia lucha contra la policía mientras son desahuciados, una tribu malvive a pocos metros de un vertedero, ancianos medio muertos, abandonados en las calles de Bombay, las tiendas de campaña de los supervivientes del terremoto de Haití, prostitutas de Bangkok… ¿sigo?

En otro canal, una serie de retratos de amigos con cara de sueño, 30 fotos de ceniceros a los pies de colchones sucios, parkings desolados en invierno, parkings desolados en verano, parkings desolados bajo la nieve, parkings desolados a puntapala, salas de espera en países del Este, fotos viejas en paredes con papel pintado, una serie de casas abandonadas, otra serie de gente durmiendo en la butaca, otra serie de autorretratos a intervalos de un mes, cien fotos de los objetos personales de desconocidos, miles de farolas torcidas, fotos de gente que pasa por la calle y de perros solitarios… ¿sigo?

En un tercer canal, un canal que me ha alegrado el domingo, y que me recuerda que no todo está perdido, emite esta pieza sobre George Steinmez, un fotógrafo que lleva décadas sobrevolando el mundo con un ala delta y un ventilador a la espalda.

Y no, no es como Yann Arthus Bertrand. No es el mundo desde un helicóptero. Es otro juego, otra altura. Una perspectiva desde la que el mundo se ve como un tablero de ajedrez, en el que es sencillísimo ver cómo se mueven las piezas. Una distancia suficientemente grande como para ver las cosas con perspectiva, pero no tanto como para deshumanizarlas.

De la mano de MediaStorm, ahí va esta pieza que nos trae mucha belleza, calma y una agradable sensación de que aunque la cosa está entre mala y muy mala, hay oasis de belleza. Me han entrado ganas de hacer la mochila cuanto antes.

A modern german Mephisto

abril 23, 2012

You want to buy something, but you know the only place you can find it is a tiny shop where you are not allowd to enter unless you know a 10 digits code.

You do know some people who have figured out a bunch of them. You have been trying to find the code for years. You talk about this code often with your friends, but none of them has ever actually entered the shop. You’ve bought things that are quite similar to what you think you will find into that mysterious little shop, but you somehow know there’s something unique in there.

One day there’s an Open Doors Day in your hometown. You make it to join the group of about 15 that will finally have a look inside.

The owner says: “don’t try to buy anything. I’m not selling. I will show you all my products. Then, one by one, I’ll ask you the door code.”

The 15 are grown up men and women, but a far memory from childood, a mixture of excitement and anxiety invades them for a while. You see the others trying. Some know 3 digits, most of them about 6, and a couple know 8. In fact you can’t really tell who’s got it right. If any.

The owner insists: “I’m not here to sell, my business is related to History. I don’t want your money. I just want to make sure that my product ends in the right hands, so when I decide to sell, I’m even giving the instructions for the new owner to try to reproduce it. This way, when I die, the seed will be properly spread, and I hope someone will keep my shop open.”

The more you are told not to try, the more you want to buy it. It must be something that goes beyond power, money or sex. It has to go beyond your living time on Earth.

Once you own it, the owner of the tiny little shop will become your servant.

An arrogant servant that knows how you look like at 4 am in underwear. A servant that treats you like you are the servant. A man that will take a slap from you, but has the power to make you do wherever he wants you to do.

A bit as in Goethe’s “Faust”, this modern german Mephisto will re-sell you your own soul. A soul that you gave him for free a long time ago, when you decided you wanted to make the best possible photo books on Earth.

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Quieres comprar algo, pero sabes que el único lugar donde vas a encontrar lo que buscas es una pequeña tienda en la que no puedes entrar a menos que te sepas un código de 10 dígitos.

Sabes que algunas personas ya han descifrado alguno de los números. Tú mismo has estado intentando descifrar el código durante años. Hablas de ello a menudo con tus amigos, pero ninguno de ellos ha entrado nunca en la tienda. Has comprado cosas muy parecidas a lo que imaginas que vas a encontrar en esta misteriosa tiendecita, pero de algún modo sabes que ahí hay algo que es único.

 Un día hay Jornada de Puertas Abiertas en tu ciudad. Consigues estar en el grupo de 15 personas que finalmente podrán echar un vistazo dentro.

 El dueño dice: “no intentéis comprar nada. Nada está en venta. Os voy a enseñar todos mis productos. Luego, uno por uno, os voy a preguntar el código de la puerta.”

 Los 15 son hombres y mujeres ya creciditos, pero un lejano recuerdo de la infancia, una mezcla de excitación y ansiedad les invade por un momento. Ves a los demás intentándolo. Alguno sabe 3 dígitos, la mayoría 6, y un par de ellos, 8. En realidad es imposible saber quién lo ha dicho correctamente, si es que alguien lo ha hecho.

El dueño insiste: “no estoy a quí para vender, mi negocio tiene que ver con la Historia. No quiero vuestro dinero. Sólo quiero que mi producto acabe en las manos adecuadas, así que cuando decida vender, os daré incluso las instrucciones para que podáis intentar reproducir lo que habéis comprado, por vuestra cuenta. De esta manera cuando muera, la semilla estará bien diseminada y espero que alguien mantenga el negocio abierto.”

 Cuanto más te dicen que no lo intentes, más quieres comprar. Debe de ser algo que va más allá del poder, el dinero o el sexo. Debe ir más allá de de los años que te quedan de vida en la Tierra.

 Una vez que lo posees, el dueño de la pequeña tienda se convierte en tu siervo.

Un siervo arrogante que sabe qué pinta tienes a las 4 de la madrugada en ropa interior. Un siervo que te trata como si el siervo fueras tú. Un hombre dispuesto a encajar una bofetada tuya, pero con el poder de hacerte hacer lo que él quiera.

Un poco como en el “Fausto” de Goethe, este moderno Mefistófeles alemán te revenderá tu propia alma. Un alma que tú mismo le regalaste hace mucho tiempo, cuando decidiste que querías hacer los mejores libros de fotos del mundo.

clik the picture

Memorias prestadas de Adriano

abril 15, 2012

En Roma, durante las interminables comidas oficiales, se me ocurrió pensar en los orígenes relativamente recientes de nuestro lujo, en este pueblo de granjeros parsimoniosos y soldados frugales, alimentados a ajo y cebada, repentinamente precipitados por la conquista en las cocinas asiáticas y hartándose de alimentos complicados, con torpeza de campesinos hambrientos. Nuestros romanos se atiborran de pájaros, se inundan de salsas y se envenenan con especias. Un Apicio está orgulloso de la sucesión de entradas, de la serie de platos agrios o dulces, pesados o ligeros, que componen la bella ordenación de sus banquetes; vaya y pase, todavía, si cada uno de ellos fuera servido aparte, asimilado en ayunas, doctamente saboreado por un gastrónomo de papilas intactas. Presentados al mismo tiempo, en una mezcla trivial y cotidiana, crean en el paladar y el estómago del hombre que los come una detestable confusión en donde los olores, los sabores y las sustancias pierden su valor propio y su deliciosa identidad.

 Memorias de Adriano – Marguerite Yourcenar

En Madrid y Barcelona, durante los intensos días de talleres, se me ocurrió pensar en los orígenes relativamente recientes de nuestra riqueza audiovisual, en nuestro grupo de fotógrafos parsimoniosos y frugales, alimentados con fotografías y páginas, repentinamente precipitados por la conquista en las producciones multidisciplinares y hartándonos de multimedias complicados, con torpeza de fotógrafos hambrientos. Nos atiborramos de interactividad, nos inundamos de metadatos y nos envenenamos con After Effects. Un Hispano está orgulloso de la sucesión de narraciones, de la serie de documentales largos o cortos, pesados o ligeros, que componen la bella ordenación de nuestros canales de Vimeo; vaya y pase, todavía, si cada uno de ellos fuera servido aparte, asimilado en serenidad, doctamente contemplado por un editor de intereses intactos. Presentados al mismo tiempo, en una mezcla trivial y cotidiana, crean en los ojos y los oídos de la persona que los visiona una agotadora confusión en donde las historias y los contenidos pierden su valor propio y su deliciosa identidad.

Me encanta y me emociona todo lo que está pasando con la fotografía, soy un experimentador y un apóstol de la revolución multimedia. Pero a veces siento que nos despistamos acerca de lo que realmente cuenta: que tenemos que contar historias, y que podemos hacerlo de modo muy sencillo.

Master en storytelling en menos de 4 minutos.

abril 9, 2012

Hoy no he podido escribir. Hasta que pueda hacerlo a lo largo de la semana, os dejo una escena de Mad Med en la que Don Draper explica lo que significa contar una historia. Una escena que en su contenido, como en su continente en términos de guión, de interpretación y montaje, es un master en storytelling.

Youtube no me permite empotrarlo en esta entrada, así que hay que verlo en en una página aparte.

Publicidad, los medios y un joven genio.

abril 2, 2012

Hace más de 10 años que dejé mi trabajo en una agencia de publicidad. Sin embargo, sigo formando parte del Club de Creativos. Y sigo ahí porque sigo queriendo tener relación con ese mundo. Porque creo el mundo de la publicidad tiene mucho que ofrecer al mundo de la fotografía, además de trabajo y sustento. La publicidad es la cuna y el laboratorio de la comunicación más eficaz que existe. En publicidad los dilemas éticos son muy poquitos y los presupuestos mucho más altos que en periodismo y documentalismo, así que es un campo muy abierto, en el que la experimentación es lo normal y no la excepción. Ahora que estamos a tope con esto de los audiovisuales y multimedia, es el momento de mirar de cara a la publi y ver que tiene mucho que enseñarnos.

Bueno, es verdad que la mayoría de la publicidad que vemos es insufrible. Completamente insufrible. Pero también es cierto que los que se dedican a ello, en su mayoría, quisieran poder ofrecernos algo mejor. Porque ellos también tienen su propia crisis. También ellos están mandando a cientos de profesionales al paro. También ellos son víctimas del miedo a perderlo todo, y por eso en los últimos tiempos se aferran más de lo que sería recomendable a fórmulas manidas pero avaladas por la tediosa regularidad de la reacción del maldito mercado, que el diablo se lleve.

Como hay poquísimos fotógrafos que formen parte de ese club, volví a salir elegido para formar parte del jurado, en el apartado de gráfica, especialidad “ejecución”. Al margen de lo interesante que resulta siempre formar parte de un jurado, tengo que decir que salí de ahí bastante deprimido. O las agencias de publicidad no han producido suficientes piezas buenas este año, o simplemente han decidido que no merece la pena presentarlas a un certamen. Porque lo que ahí teníamos frente a nosotros era una escuálida selección de piezas fotográficas, gráficas, tipográficas y de otras especialidades, de entre las que debimos elegir las que merecían ser incluidas en el libro. Por mi parte no fue fácil. Yo sé que se hacen cosas mejores. Y también sé que si se premian cosas regulares se le hace un flaco favor a la industria, porque se le manda el mensaje de que todo va bien, cuando no es el caso. No lo es.

Los medios impresos están ciertamente de capa caída y raída. Y no sabéis cómo lo lamento, porque se produce un bucle por el cual tales medios no tienen anunciantes y por lo tanto desaparecen. Que se lo pregunten a Público. Y los que sobreviven se vuelven más moderados, más adocenados, no vaya a ser que los pocos que aún les dan dinero se enfaden y se vayan. En la misma medida, los fotógrafos pierden tanto los posibles encargos editoriales como los encargos publicitarios. Eso es malo para todos, pero principalmente para el periodismo, porque deja de poder existir dignamente.

O quizas todo consista en asumir que el mundo impreso no merece la pena y listo. Ya lo veremos. El caso es que todo se mueve al mundo online y audiovisual. Como decíamos la semana pasada, es ahí donde tenemos que mirar si queremos salir de esta.

Y como hoy el post va de publicidad, de audiovisual y de salir de la crisis, os presento este video que está circulando como la pólvora por Facebook. Es de un joven que está buscando trabajo. Un tipo que no se ha complicado la vida. Ha cogido al toro por los cuernos y ha procucido con poquísimos medios una pieza que llega al centro del corazón y con la que descubrimos a una persona creativa, inteligente y probablemente buena.

Estoy casi seguro de que no va a tardar ni una semana en conseguirlo. Si alguien lo conoce y se entera de algo, que lo cuente.

 

Cómo ganar dinero sin alejarte de ti mismo.

marzo 26, 2012

Llevo tiempo convencido de que una de las fuentes de ingresos con más potencial para los miles de fotógrafos que actualmente languidecen estupefactos al ver que su mundo se ha desmoronado, serán los documerciales y los documentales patrocinados.

¿Qué es un documercial? Una pieza audiovisual que tiene como objeto dar a conocer un producto o servicio, sólo mediante un lenguaje documental, sin utilizar actores ni haciendo uso de la ficción más que en dosis mínimas. ¿Crees que es un espejismo más, o que no tiene futuro? Mira esto y dime luego:

Con el avance vertiginoso de las tabletas y el ancho de banda universal, se incorporan al mercado de la comunicación corporativa literalmente millones de potenciales clientes que hasta hace nada estaban fuera del mercado: los autónomos y pymes. En muy poquito tiempo no habrá diseñador de muebles o dueño de hotel rural que no tenga un video como estos en su web. ¿Y quién se los va a hacer? Los que no se hayan rendido y estén dispuestos a ensuciarse un poco las manos entre World Press Photo y World Press Photo.

Pero no acaba todo aquí. También vamos a ver cómo proliferan los documentales patrocinados. ¿Y eso qué es? Pues lo que dice el nombre: piezas audiovisuales de caracter documental, cuyo objeto sea un tema no directamente relacionado con productos o servicios, pero que sean del interés de un patrocinador, por los valores que representa. Por ejemplo, esta maravilla patrocinada por Diesel y Dazed & Confused

Claro, nada de esto son documentales con fines sociales, pero… un momento, también están las ONGs, que tampoco se van a poder permitir no tener una buena pieza en su página web. Por ejemplo, esta otra:

Esta sí que era atómica. Aquí hablamos de dar soporte a los que ayudan a quienes lo necesitan, pero no necesariamente contribuyendo a nuestra propia ruina.

¿Y los medios de comunicación? Pues ya veremos. Como no se pongan las pilas, al final tendremos que rescatarlos nosotros a ellos. Además, no nos engañemos: también tienen sus intereses y también sirven a alguien. Lo único verdaderamente limpio y puro es lo que hace un mismo con su propio dinero, así que la clave está en ganarlo de una manera que no nos distraiga demasiado de nosotros mismos. Y si es posible, que las dos cosas coincidan del todo.

De verdad, convenceos, la cosa no está tan mal. Sólo hay que pararse un segundo y ver por qué orilla vamos a salir de las aguas turbulentas. Como veis, hay más de una. Y lo mejor: son compatibles.

El World Press Photo Multimedia

marzo 19, 2012

Hace escasos días se han dado a conocer los premios World Press Photo Multimedia. Yo estaba expectante al respecto por varias razones. Primero por saber si me caía uno, y segundo por ver cual sería el rumbo del premio en este segundo año. Como de lo primero, nada de nada, pues toca hablar de lo segundo. El resultado me parece algo irregular, pero interesante para analizar.

Las 4 piezas ganadoras tienen en común que son de tipo lineal. Nada de interactividad, ni de infinitas capas de información. Nada de gráficos, ni animaciones, ni enlaces externos. Parece que este año ha triunfado el modelo “Dale a play y mira”. Me parece bien. Me parece que ese es el camino a marcar, si queremos que sea posible que en un futuro no muy lejano, los medios empiecen a producir piezas de unos 5 minutos, tal y como se producían o compraban los reportajes de unas 10 páginas.

Otro punto interesante es que en estos WPPM ha brillado por su ausencia la Primavera Árabe y Fukushima. ¿Significa eso que en los WPPM la actualidad es un factor en contra, o que los multimedias buenos de esos temas los vamos a ver el año que viene? Lo descubriremos dentro de un año.

Pero en este post quiero hablar de las piezas ganadoras y del jurado, porque sin conocerles ni a ellos ni sus respectivos contextos, no es posible entender nada.

De entrada, veamos el ganador: Afrikaner Blood.

Un multimedia bastante clásico en su esquema: una entrevista audio que recorre toda la pieza, y una combinación de fotos y vídeo sin muchas vueltas. Lo que hace a esta pieza merecedora de un premio es que tiene una buena historia que contar y que está contada desde la mismísima cocina. Arranca discreta, pero al cabo de un poquito, uno empieza a torcer el gesto, porque la cosa se pone muy seria, aunque de un modo casi de puntillas. ¿Es esta la mejor historia audiovisual que se ha hecho en el mundo en todo este año? No lo creo. Es posible que, como ocurre a menudo, haya sido la historia que ha acaparado el mayor consenso, pero a veces eso quiere decir que es la historia que menos reacciones extremas ha levantado entre los miembros del jurado. No es la primera vez que veo un reportaje sobre grupos ultra desde dentro, y tampoco se puede decir que haya roto ningún esquema narrativo.

Luego tenemos Half-Lifes. La historia de Chernóbil contada desde la óptica de los que vivían en la ciudad y ahora viven en otro lugar. Un tema recurrente y desde mi punto de vista, contado de un modo realmente demasiado largo. Está muy bien trabajado, sí. Magníficas entrevistas y mucha investigación. Pero no hay quien se mire esos 16 minutos en un iPad. Y el uso de la música es agotador. Uno acaba por aborrecer la melodía.

America’s Dead Sea es la historia que más me gusta. Una historia completamente inédita para mí y una narrativa muy creativa. Un uso inteligente de las imágenes de archivo y del audio. Y con la longitud perfecta: 3 minutos. Para mí no es un tercer premio, sino un primero. Bueno, eso sin saber qué otras cosas han concursado. Ya irán saliendo por ahí.

Para terminar, está Punched Out, un documental sobre la vida y muerte de un joven jugador de hockey sobre hielo cuya principal virtud era ser muy violento en la pista y cuyas peleas le provocaron un grave trauma cerebral, que acabó con él. Sí, es una buena historia porque yo no sabía que en el hockey sobre hielo la violencia estaba permitida e incluso alentada. Me quedo de piedra. Sin embargo hay algo en la figura de una narradora, en su escasa calidad fotográfica y en la longitud de esta pieza que me hace pensar que no está compitiendo en el festival adecuado.

El jurado es variopinto, pero destacan los 3 que dan la cara en la web de World Press Photo explicando su trabajo: Vincent Laforet, apóstol de la 5D Mark II desde antes de que saliera. Un gurú del nuevo audiovisual que ha evolucionado de ser un buen fotógrafo a ser un excelente videógrafo. Explica en su entrevista que él no estaba de acuerdo con Half-Lifes. Se nota que la odia, aunque se muerde la lengua muy educadamente.

Poul Madsen, el 50% de Bombay Flying Club, la productora de referencia para mí en estos momentos, hace un análisis muy interesante en su entrevista. Tampoco está de más leer en el blog de BFC su experiencia como jurado. A los que les interesa los web-docs, les interesa lo que Poul tiene que decir.

Jessica Dimmock, que se hizo muy conocida por su libro The Ninth Floor aparece como una experta, haciendo justicia al poco conocido hecho de que el audiovisual correspondiente era muchísimo mejor que el libro.

De las 3 entrevistas, que os animo mucho a ver, subrayo 2 preguntas importantes:

Vincent Laforet apunta que en el mundo audiovisual de los web-docs, el autor tiene que saber cómo va a ser la pieza de antemano. Que no vale hacer lo que salga y luego darle forma. Yo estoy de acuerdo con esta aseveración, pero sé de buena tinta que algunos fotoperiodistas consideran la idea de tener una idea preconcebida de sus reportajes como un anatema, contrario a la ortodoxia que exige investigar sin tener ideas predeterminadas ni fines ya marcados. Me gustaría saber qué opináis.

Poul Madsen dice algo muy muy importante: ¿es realmente necesario seguir metiendo fotos en estas piezas? Hace tiempo que me lo pregunto. Quizás estamos aún usando las fotos fijas en los webdocs sólo por inercia. Volvamos a ver Afrikan Blood y veamos si las fotos no son poco más que fotogramas congelados. Este es un debate del que vamos a seguir hablando, porque abre una caja de Pandora de las buenas. La pregunta de si al final va a resultar que las fotos son una cosa y los vídeos otra, y que no hay que mezclarlos sólo porque se pueda, es una pregunta de las que no apetece hacerse, porque son como la psicoterapia: a lo mejor no nos gusta lo que descubrimos.

 


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