La santa indignación de las ursulinas.

He viajado en coche miles de kilómetros sin cinturón de seguridad; he conducido bajo los efectos del alcohol, he ido en moto sin casco durante años. He viajado en autoestop con 16 años y he follado sin condón, cuando ya se sabía que no era una buena idea. Empecé a fumar con 15 años, lo dejé con 30 y ahora fumo cuando comparto alguna caña con otros fumadores, lo que hoy por hoy es un acontecimiento digno de ser destacado. Hoy, como mi casa es mi oficina, la ley dice que no podría fumar en mi casa si quisiera. Bueno, la ley también dice que tengo que hacer un simulacro de incendio al año e indicarme a mí mismo dónde está la salida de emergencia. Sobre la montaña de leyes incumplibles que nos gobiernan, podemos hablar otro día.

El caso es que hace poco caí en la página de Frieke Janssens, una fotógrafa belga que se dedica principalmente al mundo de la publicidad, por cierto con muchísimo talento y capacidad. Domina la puesta en escena, la composición, y es muy muy buena con el uso de la luz. Es una gran fotógrafa publicitaria.

Pero no es eso lo que quiero destacar hoy. Lo que me ha llamado la atención es un proyecto personal que se llama Smoking Kids y que va de… sí, de niños fumando.

Y claro, me ha parecido bastante provocador. Me ha producido un rechazo inmediato, pensando en mi pobre Pablito ya dándole al cigarro.

Al tiempo que sufría esta reacción negativa, una voz interior me decía “no te preocupes, Carlos; esto no es más que otro habilidoso truco de  photoshop hecho por una auténtica experta. No te preocupes. Esos niños no han fumado para la foto”

Pero mira tú por dónde, cuando llego al making of , resulta que sí, que los niños han sostenido en la mano verdaderos cigarrillos, aunque sean de hierbas medicinales.

Y de nuevo, mi voz puritana se alarma y reacciona indignada, al mismo tiempo que mi yo del pasado me grita al oído que “no pasa nada, hombre, que tampoco los niños van a morir por simular un paseo por el lado salvaje durante un rato”. Mi voz del pasado, superviviente de los peligrosos 80 me dice que quizás nos hemos convertido en ursulinas amojamadas, y que no estaría de más aflojar un poco la mano. Mi yo del pasado convence al yo del presente de que en realidad, le envidio a Friecke el valor de exponerse al escarnio público, y la capacidad de provocar en mí una reacción que contiene más de una dimensión y que transciende a la fotografía misma.

Y a vosotros, qué os parece, ¿merece la pena hacer del tabaco algo atractivo para un niño con tal de montar un poco de lío, o nos la cojemos con papel de fumar?

9 comentarios to “La santa indignación de las ursulinas.”

  1. A. Morales Says:

    Desde mi humilde opinión, creo que los niños no han tocado ni un solo cigarro (a excepción del último, que además no ha fotografiado ella). Por lo que he podido ver en el video eran barillas de incienso, imposibles de fumar, no es más dañino que el humo del tráfico en la calle. El único niño que aparece con algo en la boca tiene un tubito blanco y ni siquiera está prendido.

    De toda formas un buen artículo y gracias por llamar nuestra atención sobre este asunto.

  2. Anónimo Says:

    Hola Carlos:
    ¿Las fotos de la señora?, chulísimas. ¿El efecto conseguido?, pues justo el que buscaba: llamar la atención. ¿Me rasgo las vestiduras porque los niños hayan sostenido cigarrillos de hierbas medicinales durante la producción? Pues la verdad es que no, ¡y eso que soy de la liga antitabaco! (si bien no de la estúpida ley española); de modo que lo mismo no soy tan ursulina. El problema sería que las fotos las utilizara Philipp Morris (o cualquiera otra tabacalera) para publicitar el consumo de nicotina entre los niños. Eso sí que ya no sería cogérsela con papel de fumar, porque como vea a alguien ofreciéndole un cigarrillo a cualquiera de mis “sobris” le arranco la cabeza :-)
    Un saludo

  3. felipe Says:

    Ya había visto estas fotos con anterioridad y el vídeo correspondiente y me molaron bastante, a mí personalmente no me han escandalizado nada, pero tal como están las cosas con el tabaco habrá radicales que lo habrán denunciado ya.

    saludos

  4. Sergio Says:

    Como le pasa a Felipe, necesito algo más para llegar a escandalizarme que unas fotos de unos niños simulando que fuman. Tampoco me es muy difíclil hacerlo, es suficiente para mí con abrir un periódico por las páginas de actualidad económica en estos últimos y clarificadores días. Recuerdo fumar mi primer cigarro con los amigos cuando tenía no más de 12 o 13 años. Hacerlo, si uno hace el esfuerzo de evocar cómo era con aquella edad, es lo más natural y esperable. Tarde unos cuatro años en volver a fumar y esa vez fue definitivo. Todavía fumo.

  5. Sergio Says:

    Por otro lado, perdón por escribir en dos mensajes diferentes, creo que además de poder escandalizar, esas fotografías de Frieke Janssens tienen más interés como crítica del hábito publicitario de tratar a niños como adultos en la práctica publicitaria. Siempre me ha parecido perverso (no sexualmente, sino por el descarado mercantilismo) y carente hasta el absurdo de sentido ver esas fotografías en las tiendas de ropa infantil o catálogos de moda infantil, en las que aparecen niños mostrando una actitud impropia de su edad, tal como la coquetería, en trajes que la mayoría de los niños aborrecería. Que aparezcan fumando lo hace más evidente todavía. Quizá me equivoque y esta no haya sido en absoluto la intención de la fotógrafa, no conozco su trabajo, pero desde este punto de vista me parece que, al menos para mí, sí tienen algo que decir. Un saludo.

  6. Ángel Says:

    Quieras o no, Carlos, ya tenemos una edad y unas responsabilidades. Lo mejor: fumar con condón.

    Saludos.

  7. spottorno Says:

    Sergio, comparto la reflexión acerca del uso mercantilista de los niños. Ahí hay tema.

  8. tigre antropomorfo Says:

    torrentes de moralismo circulan por nuestras venas en ausencia de sangre, y después nos faltan vergüenza y agallas para reconocer que somos unos perfectos traidores, yo incluido.

    mientras la mitad de la humanidad se encuentra al sol, la otra mitad está a la sombra. el agua que le falta a tres mil quinientos millones de personas -a las que no tenemos el mínimo interés en conocer-, la utilizamos para lavar nuestro coche después de la última acampada-happening con nuestros hijos, que son igual de imbéciles que todos nosotros, porque no les falta nada, salvo amor de verdad y cariño.

    happening, acampada y malabares, todo para ser menos espontáneos y racionales que un cenicero lleno de cáncer.

    y mientras volvemos de viaje en el último sedán que pagamos con los ahorros de nuestro vecino, miramos el gps en nuestro teléfono -que cuesta más de diez veces el salario mensual de un niño en áfrica, américa latina o asia-, para no perder el rumbo a nuestro cómodo hogar donde nunca llueve o nieva, ni vemos un tornado sin dolby surround y en primera persona.

    después de gastar quinientos litros de agua en dejar brillante nuestro pene ziritione, nos tiramos en el sofá de ante y empleamos nuestro tiempo libre en opinar sobre los otros, y de paso salimos de nuestra afectación con sucias palabras de reproche y metáforas licuadas. -y me refiero al hecho de opinar sobre cualquier asunto-

    en ningún caso me escandalizan las imágenes… de hecho, resulta extraordinario que un texto aclare verdaderamente el origen y las intenciones sobre un proyecto.

    y sí, estoy de acuerdo contigo en que somos ursulinas amojamadas. hemos creado tantos formalismos legales para sentirnos cómodos y seguros, que en cualquier momento no podremos movernos del asiento y pasaremos a ser parte del mobiliario.

    los únicos formalismos verdaderamente interesantes residen en todo esto que algunos llaman arte.

    la perfección no existe, pero la excelencia provoca placeres estéticos nada desdeñables, y me resulta agradable que no sólo sea forma, sino también fondo.

    a mí el trabajo de smoking kids me encanta, pues sin necesidad de entender ningún concepto abstracto, interpreto estas imágenes por lo que me sugieren, que no es para nada poco.

    si yo lo hubiera llevado a cabo, no tendría ningún reparo en utilizar cigarrillos, pues no creo que les afectase tanto como diez segundos de telebasura, pero bien es cierto que tampoco necesitaría recrear la situación en un estudio, pues el mejor escenario ya existe, y es el mundo.

    vivimos en una sociedad cruel, y tal vez sin darnos cuenta ofrecemos con nuestra actitud un obstáculo para que la vida sea más sencilla y fácil, no sólo para nosotros, sino también para aquellos que no pueden defenderse.

    nuestro pasado es un niño, y ellos son nuestro presente y futuro.

    el mercantilismo es despreciable, pero también lo es nuestra doble moral, asqueroso fenómeno absurdo.

    http://www.rebelion.org/noticia.php?id=75854

    http://www.elmundo.es/cronica/2001/317/1005552045.html

    http://rainbows.wecspain.org/roh/html/body_ninos_que_trabajan.html

    lo que nos alimenta, ayuda vivir en sociedad y estimula, causa la muerte a cientos de niños todos los días, y ahí sí que hay tema.

    pero mientras tanto; vivimos cegados, dormimos despiertos.

    me pregunto cuántos niños mueren cada día para darnos acceso a tantas comodidades de las que disponemos y cuántos de los que sobreviven pierden su tiempo en internet o haciendo bulto en la próxima presentación de un fotolibro, con papel made in madagascar y amasado por un niño que no se llama Juan, pero bien podría ser nuestro hijo.

  9. Sergio Says:

    Hola Tigre Antropomorfo. Si me permites un poco de trato de confianza, vas a por todo nen. Yo pretendía ver en las fotos un objetivo mucho más modesto, el tema de la ausencia de significado de un lenguaje (el publicitario) y el trato de los niños como “herramienta” publicitaria y su problemático, y necesario el que sea vigilado, papel como potenciales consumidores. Realmente creo que como mucho las fotos de la entrada del blog de esta semana se quedan ahí. A mí también me gustan y si era tábaco de verdad o no me parece un asunto menor.

    Comparto, quién no si hace un ejercicio a fondo de conciencia, mucho de lo que dices en tu comentario y también creo que son verdades que deben ser escuchadas y asumidas precisamente porque nos avergüenzan y nos duelen. No obstante, cuando escucho a alguien que habla desde ese planteamiento siempre me surge la misma pregunta, detectados los males, ¿qué hacer como individuo? Lamentablemente la otra cara de la cuestión, la que una vez hecho el diagnóstico se ocupa del tratamiento, carece de respuesta fácil y no hay ninguna que valga para todo el mundo, es un problema que cada cual ha de afrontar y llegar a sus propias conclusiones en base a sus propias ideas y conciencia. Se me hace imprescindible decir que aprecio mucho la libertad individual de poder llegar a ese código moral propio como cada cual disponga. Te discuto, eso sí, la crítica, en mi opinión fácil, a la labor cultural como trabajo de lujo o especialmente cínico. Evidentemente son vicios en los que cae en ocasiones pero en absoluto todos los libros son hechos con papel de Madagascar y ni siquiera todas las personas que nos ofrecen su trabajo, ya sea música, literatura, fotografía… cobran por ello (como si eso tuviera algo de malo o fuera motivo de disculpa). A menudo en cambio, nos ofrecen su trabajada necesidad expresiva de manera gratuita, y eso, lo mire por donde lo mire, es un ejemplo de generosidad. Un saludo.

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