Archive for 16 16+02:00 enero 16+02:00 2012

Editando la herencia de nuestros nietos.

enero 16, 2012

Tengo en una caja guardadas hojas sueltas de periódicos en los que hay fotos mías publicadas, o en las que se me menciona, aunque sea en un pequeño párrafo, abajo a la izquierda. Tengo cajas con copias de pruebas y de porfolio. Copias de fotos que nunca más voy a enseñar porque me producen sonrojo. La primera vez que publiqué un reportaje completo en una revista conocida, compré 10 copias, por si acaso. Sigo con por lo menos 8 de esas copias ocupando espacio, pero no me atrevo a deshacerme de todo eso. Tengo un VHS con una entrevista que me dio vergüenza incluso cuando me la hicieron. La he visto sólo una vez. Tengo un diploma y un par de recuerdos de premios. Y esto no es nada. Voy a ir más atrás: tengo alguna carpeta con dibujos a carboncillo de cuando estudiaba bellas artes. Papeles de más de 5 metros enrollados, con ejercicios de dibujo. Cuadros al óleo de casi 3 metros, también enrollados. Y los bastidores, por si un día me da por volver a montarlos. Tengo una buena cantidad de cuadros disparatados de cuando era estudiante y cambiaba radicalmente de estilo cada 2 meses. Tengo planchas de grabado en metal y linóleo. Pruebas de serigrafías y copias de litorafías. Tengo decenas de cuadernos de notas y diarios de viajes. Moleskine y lo que no es Moleskine. Se puede decir que tengo un mercadillo de porquerías mezcladas con cosas buenas que he guardado durante 20 años, por si un día tenía sentido desempolvarlo. Un pensamiento narcisista y vanidoso me ha empujado todo este tiempo a no tirar esas cosas, por si un día, con 80 años, me hacen una retrospectiva analítica y así tengo con qué llenar las paredes. La verdad, no parece que nada de eso vaya a ocurrir. No me imagino una retrospectiva en la que al exponer el trabajo oculto de un autor, lo único que se consigue es demostrar que tuvo curiosidad por tantas cosas que le costaba mucho creerse demasiado ninguna de ellas.

A veces pienso que estoy dejándole a mis nietos en potencia la maldición de tener que deshacerse de algo con lo que no sabrán qué hacer, pero que no se atreverán a tirar por puro y simple respeto al abuelo. A mí ya me ha pasado. Tengo cuadros de mi bisabuela y de mi abuela, cuyo valor artístico es seguramente discutible, pero que no me atrevo a tirar, porque en realidad me gustan un poco. Han estado ahí toda la vida y creo que no tengo la objetividad necesaria para juzgarlos como debe ser. En mi buhardilla también hay obra de mi madre, que es artista. Y eso sí que es más difícil. Atreveros vosotros a tirar a la basura la creación de vuestra propia madre. Sería como matar a un hermano. Un hermano callado y polvoriento, pero un hermano, al fin y al cabo.

Pero de vez en cuando, cado cuatro o cinco años, me armo de valor y tiro cosas. Sobre todo cosas mías. Recuerdo haber tirado en un contenedor una quincena de cuadros que previamente rasgué, para que nadie los pudiera recuperar. He tirado dibujos, copias de fotos. He tirado de todo, pero voy muy lento.

Es como si al mismo tiempo que voy viviendo, fuera editando mi obra, pero de forma definitiva. Si llego a muy viejo, espero haber sido capaz de deshacerme de todo lo que no fuera un poco mejor que bueno y así dejarle menos jaleos a mis descendientes. Con los discos duros llenos de fotos y vídeos, no sé qué va a pasar. Eso sí que me molesta un poco, porque es posible que sea la simple obsolescencia tecnológica la que se ocupe de cercenar mi obra y hacer que se disuelva como lágrimas en la lluvia. Por eso creo que hay que imprimir copias y hacer libros. Porque de lo digital, desengañaros, no va a quedar nada. La tecnología muere de vieja. Intentad poner en marcha un proyector de Super 8 de hace 70 años al que no le pasa nada, pero que hace décadas que nadie ha puesto en marcha. Fallará en lo más tonto: la bombilla o el transformador, pero algo fallará.

Todo esto lo cuento porque la semana pasada Txema Salvans, que está en medio de un ataque de autoedición definitiva consigo mismo, y por lo tanto deshaciéndose de varias cosas, compartía conmigo la siguiente pregunta: ¿cuánto tiempo es necesario guardar recortes, revistas, entrevistas, marcos, fotos de los inicios , etc.? Os recomiendo que vayáis a mirar en los contenedores de cerca de su casa, porque es posible que encontréis copias suyas vintage.

Así que para contestar a su pregunta, he tenido que meditar acerca de qué es lo que me pasa a mí con esas cosas. Y aquí va la respuesta.

Hace pocas semanas una tía mía me obsequió con una maleta de mis abuelos paternos en los que había miles de negativos desde los años 40 hasta los 80, en los que sale mi padre y mis tíos de recién nacidos. De adolescentes, de mayores. Salgo yo con un mes de vida. Salem mis abuelos de viaje con sombrero y abrigos largos. Hay copias en papel y cajitas con negativos de todos los tamaños. Resulta que mi abuelo, ingeniero, era muy aficionado a la fotografía. De ahí la Rollei que llegó a mis manos hace años. Pues bien, esa maleta de cartón con las esquinas remachadas en hierro, llena de pegatinas de distintos países, es hoy para mí un auténtico tesoro, que estoy deseando empezar a investigar.

Quizás no te hagan nunca una retrospectiva, pero si alguien se ocupa de que parte de tu trabajo no se desperdigue, puede que caiga en manos de alguien que lo aprecie y sepa qué hacer con ello. Así que creo que la respuesta a la pregunta de Txema es que todas esas cosas hay que podarlas y quitar aquello que es obviamente horrible, pero teniendo manga ancha y paciencia, porque no sabes a quién puedes hacer feliz dentro de 50 años.


A %d blogueros les gusta esto: