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Quien quiera, que tire la segunda piedra.

noviembre 2, 2009

Antes de hablar del fotógrafo de este lunes, vamos a cerrar el asunto de la semana pasada, que era si Alec Soth merece su prestigio o está sobrevalorado. En juego, estaba su presencia en la lista de fotógrafos que aparece a la derecha de este blog.

Y así han ido las cosas:

Han votado el 0,1% de los que han visitado el blog (añadiéndole el margen de error de los que han entrado varias veces esta semana)

El 20% de los votantes quieren que salga de la lista.

Otro 20% dicen que se quede, pero matizan.

Y un rotundo 60% dice, claramente, que merece estar ahí.

Si me atengo a lo que esta escuetísima muestra de gente ha dicho, Alec está bien donde está. Los motivos que exponen en sus comentarios, no los repito, porque ya están ahí. Pero como la participación ha sido tan pequeña, a pesar de ser la más amplia de la historia de este blog, tendré que hacer exámen de conciencia y ver qué me parece a mí.

La semana pasada me he metido un poco a crítico y debo decir que no me veo en ese papel. Por otro lado, gracias a vuestros consejos, he vuelto a ver con más atención el trabajo de Alec Soth. Me rindo: es un gran fotógrafo. Pero eso sí, me gusta muchísimo más cuando lo veo en presentación audiovisual escuchando sus explicaciones que cuando lo veo en silencio.

La conclusión a la que llego, después de todo, es que Alec Soth es un fotógrafo que necesita ser contextualizado. Todos necesitan ser contextualizados, pero Alec Soth, a fin de cuentas es un gran maestro de unos 40 años, por lo que todavía no ha superado la implacable prueba del paso del tiempo.

Es cierto que fue uno de los primeros fotógrafos conocidos que decidió compartir sus pensamientos con los demás a través de un blog y eso, seguramente le ha otorgado ese papel de referente para muchos otros, que han podido conocerlo y por lo tanto contextualizarlo más fácilmente. En ese sentido, Alec Soth es verdaderamente un fotógrafo 2.0. Un maestro contemporáneo que juega al mismo juego que la gente que le estudia. Y sí, eso es un motivo de alabanza. No sólo le juzgamos como fotógrafo, sino que además lo podemos apreciar a través de sus cualidades humanas, que sin duda las tiene. Su trabajo es, además, un trabajo muy intelectual, pero accesible. Un trabajo hecho con medios al alcance de muchos, apoyado, sobre todo, en conceptos previos que cualquiera podría elaborar si se lo propusiese. Nos muestra una manera de trabajar que podemos importar a nuestro propio trabajo. Y para finalizar, tiene el mérito de hacer de puente entre la fotografía conceptual y artística y la fotografía tradicional estilo Magnum, desde dentro del Templo.

Otro mérito inapelable: ha conseguido que hablemos de él dos semanas seguidas.

Y ahora, para no dejar este post sin una recomendación, os propongo que le echéis un vistazo al fotógrafo que ha marcado alguna de las bases de la fotografía contemporánea en los mismísimos albores: Eugene Atget. Nos son pocos los fotógrafos que lo citan como su primer maestro. Su poética y sosegada visión de la cotidianeidad del París de principios del siglo XX le hicieron famoso en su época, lo que no fue suficiente para evitarle la debacle económica al final de sus días. Walker Evans, Stephen Shore, y hasta Nadav Kander son herederos directos de su manera de ver las calles. También Atget necesita algo de contextualización, sobre todo para ver hasta qué punto su impronta ha perdurado hasta hoy, incluyendo en el trabajo de Soth, pero como lleva un siglo estando ahí, tiene mucho ganado.

Eso sí, si nos divierte y entretiene jugar a las nominaciones, la veda está abierta. El que se sienta con ánimo que tire la segunda piedra.

Imagen 5


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