¿A lo ancho, o a lo largo?.

He tardado una semana, pero finalmente he llegado a lo que podríamos llamar una reflexión sintética acerca de lo que he visto y experimentado en el festival de Perpiñán. A pesar de haberlo pasado muy bien y de haber conocido a gente muy interesante, hay un poso algo confuso en mi recuerdo de las decenas de exposiciones y proyecciones que vi. Prácticamente todas ellas son buenas. De alta calidad, buenas fotos. Casi todas las historias son de situaciones difíciles, peligrosas, o como mínimo, comprometidas. Así que, vaya por delante, máximo respeto por todos los fotógrafos.

Pero hay un asunto que llevo tiempo meditando y que estoy viendo con total claridad en estos días. Las historias de impacto, pero  liliputienses.

La historia de un hospital en India donde la gente va cuando está apunto de morir,  el ritual de momificacion de un lugar de Papúa Nueva Guinea o un reportaje sobre los 900 quirguises (clicar en Forgotten on the Roof of the World)  que viven en un poblado del Pamir. Pequeñas historias de casos concretos, fotografiadas en mucha profundidad, pero con poca envergadura, con poca contextualización. Para hacer un símil visual, diría que son historias como pozos muy hondos, de menos de un metro de boca.

Hace años se decía con insistente insistencia que un buen reportaje debía contar las dos partes de cada conflicto. Que era el deber del reportero o del fotógrafo, dar por lo menos unas pinceladas básicas de cuáles eran las circunstancias dentro de las que se desarrollaban los acontecimientos. No parece tener demasiado peso esta teoría hoy en día. Será porque la Wikipedia puede suplir ese telón de fondo, o será porque los medios de comunicación no tienen suficiente espacio en sus debilitadas páginas para publicar el número de fotos que un reportaje de envergadura necesita. Será también que los domingos no tenemos la cabeza para tesis doctorales y sí para saber cómo vive un diabético (Conectados a la vida), las aventuras del Spiderman francés o cómo es la Orquesta sinfónica de Kinshasha, (a la que en breve, supongo, veremos en un anuncio de Aquarius)

Las grandes agencias de fotos, históricamente han abordado este asunto promoviendo el trabajo en equipo. Varios fotógrafos distintos trabajando bajo un mismo paraguas amplio y cubriendo varias caras de un objeto. Los colectivos trabajan así de manera casi estándar. Con la posibilidad, en los medios interactivos, de presentar trabajos mucho más amplios, se está retomando esta buena costumbre y las grandes agencias están volviendo a promover el trabajo en equipo.

A mitad de camino entre un tocho sesudo y una incursión relámpago, están los fabulosos trabajos de Yang Yankang sobre el Tibet, el Bangladesh de Munem Wasif, El Red Journey de Nick Hannes, el Kirgizstan de William Daniels y la Georgia de George Georigiou.

Esros trabajos no cumplen tampoco con la máxima de la visión panorámica, pero por lo menos suponen una visión más en gran angular sobre los temas que tratan. Además, desde el punto de vista fotográfico, son excepcionales.

Como conclusión, llego a la reflexión de que aquel que quiera trabajar en proyectos a largo plazo y de amplio espectro, debe tener en mente, como soporte final, un libro. Y por eso existe el festival de Arles, creo. Para dar cobertura a todos esos reportajes que trascienden la noticia y nos cuentan el sustrato de la misma. En Perpiñán encontraremos casi siempre sólo la superficie de cada historia. Bien vestida, vistosa, impactante, pero que se detiene a menudo en la epidermis. Arles es más para medicina interna. Lo que no se ve, pero que conviene saber.

Y como los dos festivales están muy cerca de España, la recomendación final es que el que quiera ver buena fotografía y reflexionar acerca de cuál es aquella a la que se queire dedicar, que vaya a los dos. Es un buena manera de pasar el verano y de asomar el hocico por los recovecos de una actividad que está, como el teatro, en crisis crónica, pero que goza con una mala salud de hierro.

Imagen 2

Una respuesta to “¿A lo ancho, o a lo largo?.”

  1. carlos de la calle Says:

    Hola Carlos, me encanta haber descubierto este blog. Ayer me hice amigo de Susana en facebook y entré en tu pagina para ver qué tal. Me gusta mucho, aunque a veces me veo desbordado por tanta (buena) información.
    En cuanto a esta entrada, supongo que cada vez es más dificil dedicarle un año o dos de tu vida a un reportaje, ¿quién lo va a publicar?¿y financiar?, las grandes revistas documentales han desaparecido, creo que solo National Geographic puede permitirse algo así. Como tú dices, los grandes reportajes…para los libros, que sin embargo no son el medio más adecuado, ahí, en un libro, un reportaje pierde actualidad, se anquilosa, es como exponerlas en un museo…pasan a ser una constatación de un hecho a una obra de arte.
    Me encanta tu blog, Carlos, sigue con el.

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