Vengo de Arles y vengo contento.

He estado la semana pasada en el festival Rencontres d’Arles. Me han preguntado que cuál es la exposición que más me ha gustado. Pues no lo sé todavía. Lo cierto es que ha habido cosas que me han gustado en el momento, como el trabajo Traffic de Jean Christian Bourcart, pero que cuando he visto la web me ha parecido tan soso, que ya no me gusta. He descubierto, con asombro de Fosi, a Duane Michals. Un genio adelantado a su tiempo. No es fácil ver su trabajo en internet. Lo único aceptable, algunos vídeos de Youtube. Había una buena exposición de Giorgia Fiorio, cuyo titánico proyecto sobre las religiones El Don me gusta, aunque a veces me parece un poco frío. Ya iré hablando de cosas que me han llamado la atención. Es que acabo de volver y aún no lo tengo claro.

He visto al gran Willy Ronis. He tomado un vino con el gran Eugene Richards y he charlado con Simon Norfolk y su mujer. No vi a casi nadie español. Sólo el muy valiente Fosi Vegue estaba al pie del cañón con una docena de sus alumnos. Un gran esfuerzo, que sus alumnos valoran, aunque que no tiene precio. 

Todo el mundo iba con su nueva Olympus Pen, que promete resucitar el espíritu Leica por su manejabilidad y estilo. Yo también quiero una. Ya caerá.

Lo que sí me ha gustado muchísimo es el mercado de libros antiguos. En un patio maravilloso, media docena de librerías de viejo, con auténticas maravillas, a precios no tan maravillosos. ¿Quieres comprarte un “Tokyo” de William Klein? son 600 €. Yo me he permitido 3 libritos algo más modestos, pero que tendrán un lugar especial en mi estantería: “A propos de l’URSS” de Cartier Bresson, “D’une Chine a l’autre” de Cartier Bresson y “The 3 banners of China” de Marc Riboud. Como véis, vuelvo a los orígenes. Cuanto más fotografía conceptual veo, más vuelvo la mirada a los años 50. No sé si será pasajero o permanente, pero eso es lo que siento ahora.

En la foto que os pongo, hecha con mi móvil, se ve una de las varias fiestas que se celbraban en cada esquina del barrio La Roquette. Cientos de jóvenes aficionados o no, dándole al botellón estilo frances, todo muy cool, aunque con los inevitables malos olores de las esquinas. En la otra punta de la ciudad, las terrazas para los carrozas, donde me siento como en mi propia casa.

En conclusión, Arles me ha gustado más que Perpignan. Es un festival al que puede ir tanto fotógrafos, como aficionados y simplemente amantes de la cultura en general. La ciudad es una joya histórica de piedras medievales, con su anfiteatro romano (donde, por cierto, se hacen las proyecciones nocturnas) y sus cientos de restaurantes provenzales. Es un festival muy abierto en su espectro y muy contemporáneo en su eclecticismo. Desde maestros del blanco y negro, hasta chinos veinteañeros que no conciben la fotografía sin Photoshop. Miles de libros, charlas, visitas a exposiciones con los autores, proyecciones y vino en abundancia. Un paraíso a cuatro pasos de aquí.

arles

Una respuesta to “Vengo de Arles y vengo contento.”

  1. Alberto Lizaralde Says:

    Con las ganas me quedé este año y ahora me arrepiento. El año que viene sin duda, como un alumno más.

    Un saludo Carlos.

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