¿Para qué sirven los premios?

Lo primero, recordad una cosa: Eugene Smith nunca ganó una beca Eugene Smith, del mismo modo que Tim Hetherington nunca ganó una beca Tim Hetherington.

Dicho eso, y sentada la premisa de que los premios en ningún caso determinan con total certeza el valor ni la perdurabilidad del trabajo de ningún fotógrafo, podemos analizar si de verdad tienen alguna utilidad.

Porque de lo opuesto, no cabe la menor duda: los premios llevan consigo algunos problemas. Lo primero es que distorsionan la realidad y el trabajo periodístico y documental de los fotógrafos. Son muchos los que trabajan con el peso de la necesidad de reconocimiento oficial, y por lo tanto con un objetivo paralelo, y a veces más presente que el original de su profesión, que es el de fotografiar y contar a los demás hechos y situaciones, con el fin de erradicar la ignorancia y que en consecuencia se puedan tomar las medidas oportunas para que el mundo sea, poco a poco, un lugar mejor.

Cabe preguntarse si el fomento de la competitividad extrema es compatible con los valores relacionados con la idea del trabajo en equipo y la camaradería de la que tanto se presume en el ámbito fotográfico. La creación subsiguiente de un sistema de castas con una aristocracia que se retroalimenta y una masa de parias que se come las uñas hasta los codos, tampoco parece concordar demasiado con las buenas intenciones que aparecen en las bases de muchos de los premios y becas.

Además de suponer un elemento de distorsión de la profesión, el circuito de premios representa un gran negocio. La mayoría de los premios requieren de un pago de cuotas de inscripción. No hay que explicar más: ése es el negocio. Incluso el World Press Photo, que es gratuito, tiene su movimiento de dinero. Se produce un catálogo, se generan actividades educativas, la producción misma de las deliberaciones del jurado, los eventos de entrega de premios, la exposición itinerante que cada año recorre el mundo, las conferencias, en fin, todo lo que va detrás de las fotos. Ojo, que no digo que nadie se haga rico con ello, que no estamos hablando de un partido político español. Pero no se podría sostener todo el montaje de WPP sin algo de dinero circulando, que proviene generalmente de patrocinadores privados.

Así que al efecto distorisonador y al negocio, hay que añadirle algo que nos afecta a casi todos: una fuente inagotable de estrés. Cuando empieza la temporada de los premios, que suele ser a partir de Enero, todos empezamos a hacer ediciones, a escribir textos, a hacer cábalas relativas a las categorías, a antecedentes, a miembros de los jurados… un auténtico sinvivir. Es como si para comprar un billete de lotería te hicieran un exámen de álgebra y geopolítica. Lo bueno de la lotería es que compras y ya está. Si no ganas, pues tampoco le habías dedicado tanto. Pero esto de los premios es una pesadilla.

Y entonces, ¿por qué lo hacemos?

Lo hacemos porque los premios son lo único que puede hacer que te den una primera oportunidad. Una vez que has empezado a trabajar, tu propia trayectoria te hace de aval para el siguiente trabajo, pero al principio es imposible. Prácticamente nadie de las personas que están en puestos de toma de decisiones respecto a contratos de fotógrafos tiene un criterio realmente desarrollado. A partir de un cierto nivel de calidad mínimo, no saben distinguir si un porfolio es mejor que otro. Y como tampoco podemos decir que hemos sacado matrícula de Honor cum Laude en fotografía, porque nuestra profesión sólo se demuestra haciéndola, no tenemos muchas más herramientas para romper las primeras barreras. Así que sí, los premios, al igual que las escuelas, tienen una razón de ser. No son fruto del capricho ni de la maldad. Sirven para dar un aval incontestable, sirven para meter una línea de oro en tu CV y conseguir que el editor o responsable de comunicación de turno se quede tranquilo y pueda decir que ha contratado a alguien a quien alguien más informado que él ha considerado bueno. Una manera como otra cualquiera de ayudarles a evadir el peso de la responsabilidad.

Tampoco hay que olvidar que algunos premios tienen dotación económica, y eso no hace falta explicar por qué lo queremos.

Otra cosa es por qué los que ya tienen media docena de premios de los meramente honoríficos, siguen optando a ellos. La verdad es que los que ya tienen muchos premios, a menudo no se presentan. Les presentan sus agentes, que esos sí viven de los premios en términos de cantidad. “En mi equipo hay 35 World Press Photo”. Esa es la primera frase que dirá un agente cuando se siente a negociar un contrato con un medio o empresa. Así que sí, también eso es una razón de ser. Cada año me pregunto por qué me sigo presentando, y cada año acabo recordando que había una razón.

Porque esa es otra función de todo esto: curte el carácter. Es una especie de ejercicio zen, una prueba de resistencia psicológica, que de alguna manera te convierte en un profesional, o te vas por agotamiento.

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5 comentarios to “¿Para qué sirven los premios?”

  1. Avelina Rodríguez Says:

    Si en tu filosofía hay raíces Zen, no te dejas atrapar por la ilusión de un premio o reconocimiento a tus habilidades, ya el premio nos lo damos al disfrutar el trabajo de tomar fotografías.

  2. rickygeda Says:

    Supongo que siendo humanos la gratificacion y el reconocimiento siguen siendo tambien buena razones por las que optar a un premio, por pequeño que sea, y no solamente por el empujón que te pueden dar a nivel profesional, si no tambien a tu autoestima… sobretodo al principio cuando un dia si y el otro tambien tienes ganas de mandar todo a tomar por saco e irte a pescar atunes en namibia…

  3. Pedro Armestre Says:

    De acuerdo, aunque quiero recordar que ganar premios no genera siempre trabajo. ¿Cuantos premiados no pueden acudir a recoger sus galardones por poseer una economía de subsistencia donde los extras no tienen cabida? ¿Cuantos otros apuntan, como bien dices, una linea dorada en su curriculum sin recoger los frutos esperados?
    ¿Por que motivo algunos fotógrafos se han profesionalizado en los concursos?
    Evidentemente, porque no encuentran trabajo y quieren vivir de sus fotos.
    Conozco algunos a los que en la gala de entrega, editores y directores de medios, se peleaban para sentarlos a su lado, y mañana nunca mas se supo de ellos. Me refiero a esos editores que prometieron oro que no podían dar. Los fotógrafos ahí siguen, subsistiendo.
    También habría que valorar quienes son colocados como jurados de esos concursos. ¿Un artista fotográfico siendo jurado de un concursos fotoperiodistico? Un retratista eligiendo al ganador de un premio de fotografía medioambiental? En ocasiones los jurados son elegidos por su nombre, no por su valía en la materia que deben juzgar.
    Un conocido diario nacional tiene su concurso, como muchos, este con la diferencia que entre el jurado no existe ningún fotografo ni persona que pueda acreditar conocimientos suficientes para decidir. Buff buff buff.

    Este debate podría ser amplio. Saludos

    PA

  4. Iñigo Says:

    LOs premios, como en todo, es un reconocimiento a tu trabajo, y sin duda un valor añadido a tu curriculum.

  5. JORDI ESCANDELL Says:

    Lo siento pero no. La fotografía no es ni en certámenes una carrera de atletismo. Pienso que es una estupidez pensar que se es el mejor fotógrafo que otro, porque 4 colegas decidan eso… El WorldPress no lo otorgan los dioses…

    Y esto mismo es aplicable cuando uno intenta competir dentro de la profesión. “Si publico en tal revista soy un crack y mejor que el fulano del vecino…”. Las propias editoriales intentan hacer creer que trabajan con los mejores. No hay nada más pedante que leer uno de esos artículos en Vogue donde el periodista afirma y reafirma que tal fotógrafo es el mejor del mundo, un genio… a los 3 meses hablan de otro… de sus propios colaboradores!

    Todo es marketing. Humo.

    Estos son los caminos de la amargura. Piedras para el hígado. Pastillas para olvidar que es lo importante en la fotografía, y que era fascinante para uno en el comiendo, antes de ser engullido por uno mismo, antes de ansiar publicar la primera foto… Para mí era estar allí y cazar.

    Cuando pienso en esta historia… me acuerdo de que algún día todos seremos olvidados. La muerte empequeñece al más grande… pienso que lo mejor será disfrutar, aunque si competir le da emoción a uno pues no le veo nada de malo, aunque, no creo que pueda hacerse de la fotografía competición, objetivamente hablando… ni que sea bueno para uno mismo… amen!

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