Ojalá no supiéramos nada.

Quién no pagaría con 10 años del total de su vida con tal de volver 10 años atrás, pero perdiendo el conocimiento que posee en este momento de manera selectiva?

La resurrección, los pactos con el Diablo, las pócimas mágicas, los profetas y las obras de arte: variantes sustitutivas de una misma combinación imposible. Porque cuando se puede no se sabe, y cuando se sabe no se puede. O por lo menos no se puede igual.

Y no hay manera de que nos creamos lo que nos dicen todos los sabios desde siempre. Por más que sepamos que no hay nada más creativo que la espontaneidad, nos empeñamos en formarnos. En volvernos expertos de nuestra materia. Y cuando ya lo somos, nos damos cuenta de que el peso de lo aprendido nos está lastrando demasiado como para realmente crear nada nuevo. Por eso la verdadera creatividad se produce mucho más a menudo durante la juventud.

Con la edad llega la perfección, la excelencia, las obras maestras. Pero difícilmente llega la inspiración genial. Para eso hace falta ser más ignorante. Para trazar nuevos caminos, no hay nada como no tener mapa. De esa manera no estamos tentados ni de coger el camino más cómodo, ni el de los maestros y sabios. Sin mapa es más probable abrir nuestro propio sendero. Grande o pequeño, pero nuestro.

Con la fotografía me pasa que ya sé bastante de lo que hay. No es que sea un erudito, ni un especialista. Tampoco soy un virtuoso de la práctica de la misma. Pero después de varios años, ya me siento bastante formado. Según la teoría que dice que necesitas 10.000 horas para dominar una materia, yo esta materia, la domino hace rato.

Digamos que ya me sé la media docena de clichés con los que puedes mantener una conversación sobre fotografía contemporánea con casi cualquiera.

Sin embargo, hay un nuevo caladero para mí. Los videodocumentalistas. Esa gente que lleva décadas haciendo documentales sobre temas interesantes y extraños; tan extraños como los que están ahora haciendo los fotógrafos, pero cuyos nombres no circulan tanto en nuestro ámbito.

Os propongo que veáis este pequeño trailer y que luego escuchéis a toda esa gente más detenidamente en la web del proyecto Capturing Reality: the art of documentary.

Como aperitivo, también podéis echarle un rato a este documental de Paul Watson: The Family. Friquismo retro pero cuando no era retro. Reality Show antes de que existiera el término. Impresionante. Eso sí, en inglés.

Digamos que con este tipo de material me siento todavía muy primerizo. Esos nombres aún no me dicen demasiado. No me siento ni intimidado, ni sé si pertenecen a un bando o al otro, no tengo ni idea de si han ganado premios o no. No sé si han creado escuela, sin tienen camarillas, seguidores y detractores. Todas esas cosas que sí sé de los fotógrafos.

Por un lado estoy hambriento de conocimiento, como el que acaba de descubrir una comida que nunca había probado, pero por otro lado me apena estar perdiendo el beneficio de la ignorancia. Quizás debería tener la prudencia de no estudiar demasiado para no contaminar mi entusiasmo con cotilleos corporativos, que se acaban conviertiendo en el centro de la conversación.

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