Archive for 26 noviembre 2012

Esmero: llana ciénaga.

noviembre 26, 2012

1 - Raymond Queneau fue un sorprendente escritor con formación en filosofía, psicología, latín, griego y matemáticas. Fundó el Oulipo (Ouvroir de littérature potentielle – Taller de literatura potencial) y su obra más recordada es “Ejercicios de Estilo”, un libro en que cuenta la misma historia intrascendente sobre un tipo delgado que va en autobús, pero de 99 maneras distintas. Literalmente, un gran ejercicio de estilo.

2 – De joven, cuando comía en casa con mi padre, amenizábamos la comida haciendo el revoltigrama de El País, un pasatiempos que consiste en ordenar las letras desordenadas de una frase hasta poder leerla completa.

3 – De estudiante tuve a un profesor que estaba obsesionado con La Melancolía de Alberto Durero, un grabado alegórico y lleno de significados relativos a la alquimia, sobre el que se han escrito millones de páginas.

4- Rebuscando en una caja que tengo llena de cosas mías antiguas, he encontrado esto escrito en un cuaderno de anillas:

Larga es en el camino

Esmero: llana ciénaga

El Gran Malo es Caín.

Ni el se malogra; se caen.

Mas con él en alegría,

Negra es Melancolía.

Es en el calor mi gana

o elegancia es normal

I no merecen agallas,

I el gen no es calamar.

Ángela: él ni se marcó.

Me recoges en la liana?

En encía grasa, mello.

En el ano, cagar miles

Agencia semanal, oler.

Las frases que acabáis de leer tienen algo en común. Todas parten de la frase Negra es Melancolía. Todas las demás tienen exactamente las mismas letras que esta. Ni una más, ni una menos. Creo recordar que lo que traté de hacer fue un complejo revoltigrama acerca del asunto de la Melancolía de Durero, como ejercicio de estilo, o más bien, como método semiautomático de escritura. La idea era comprobar si era posible crear un poema partiendo de un sistema predeterminado. Y creo que también hay una especie de intento de aunar en una misma actividad, algunos de mis asuntos cotidianos de la época.

El resultado, salta a la vista, es algo ininteligible, plagado de sinsentidos. Sin embargo, necesariamente mantiene una unidad formal, ya que la longitud de las estrofas (si no tenemos en cuenta las sílabas) es siempre la misma, y las letras también.

Viendo esto hoy, 20 años después, busco una manera de relacionar esto con la fotografía y llego a las siguientes conclusiones:

1 – Hay muchas maneras de ordenar un mismo grupo de fotos.

2 - El orden de una serie de fotos puede alterar drásticamente el significado de dicha serie.

3 – Cada posible secuencia es legible, pero sólo una dice lo que quieres decir.

4 – Si usas siempre las mismas ópticas y los mismos colores, puedes crear una ilusión de congruencia.

5 - Si le das las mismas fotos a 10 personas distintas, cada una hará su propia secuencia.

6- Conclusión final: sólo sabiendo de antemano lo que se quiere decir, se puede decir algo.

7 – Epílogo: Quizás no sea tan importante tener algo que decir.

Viendo esto, tengo muchas ganas de hacer un ejercicio de edición semiautomática a partir de una serie de fotos disparadas dentro de un sistema específico.

Cuando termine las 101 cosas normales que estoy haciendo, me pongo.

Artesanía

noviembre 19, 2012

Será un tópico, será un lugar común, será una idea infantil, pero a menudo pienso en cómo sería mi vida si en lugar de dedicarme a la fotografía me dedicase a hacer azulejos pintados a mano, o bolsos de cuero, o tartas de limón muy ricas.

Una amiga de la adolescencia se casó con un luthier, y siempre envidié al luthier por haberse casado con esa chica y por ser luthier. Con el tiempo los amores derivaron a otros brazos, pero los deseos de fabricar cosas con las manos no se movieron y no hacen más que crecer.

Daniel Day-Lewis se convirtió en mi ídolo cuando se retiró a la Toscana para ser aprendiz de zapatero. ¿O era una de esas noticias-trampa fruto de la mente de un buen publicista?

Os acordáis en Único Testigo, cuando los Amish construían una casa de madera todos juntos y en armonía, justo antes de sentarse a una enorme mesa para la merendola?

Eso era antes de que nos enteráramos de que en realidad no son tan santitos.

En cualquier caso, en mi muy idealizada idea de la artesanía, la vida transcurre de buen rollo, sin estrés, sin el peso de la ambición profesional y sin la llovizna permanente de la competitividad. En mi sueño bucólico de Gepetto Hipster siempre es primavera, y cuando no lo es, las cigarras cantan, las hojas caen maravillosas y la nieve siempre se mira desde dentro de una cabaña con un tazón de caldito en la mano. La chimenea calienta toda la casa y nunca siento el deseo de ver a más gente que a mis vecinos de la granja que está a 12 kilómetros.

Cuántas veces me he dicho que quizás todo sería más fácil si desistiese de todo y me dedicase a producir cosas sencillas, sin más ambición que la de tener el reconocimiento que se deriva de una compra normal y corriente. Sin pensar en premios, festivales, editoriales, grupos y camarillas, sin tener en cuenta lo que ha hecho ese chaval tan joven, o lo que aún hace ese tío tan mayor pero tan juvenil.

Hace tiempo me dije que hacer fotolibros sería la manera perfecta de aunar mis dos pasiones, la fotografía y la artesanía. Pero el mundo del fotolibro se ha sofisticado tanto que se ha convertido una rama más del enrevesado y ultraperfumado mundo del Arte. La parte artesanal sigue existiendo, pero el peso de la cosa social es demasiado fuerte. El Gran Palais repleto de fotolibros es la prueba de ello. El fotolibro, auqnue sigue siendo el rey, ya no es la salida idealizada que imaginaba. Es, en gran parte, una fuente de estrés. Que sí, que tiene sus cosas buenas, pero ya no es algo reposado. Está tan imbuido del marketing y la promoción, que cansa solo de pensar en ello.

Será por eso que, al meditar acerca de la evolución de la fotografía como disciplina y como medio de vida he empezado a experimentar como ya saben muchos, en el mundo del video, y sin saber cómo, he centrado mi atención en todos esos videos documentales sobre gente que hace cosas maravillosas con sus propias manos.

Creo que lo que ocurre es que realmente me interesan las cosas que hacen esas personas que entrevisto. Me gusta lo que hacen y quiero participar de sus actividades. Es indiferente si me lo encargan o no. No lo haría si no me interesase genuinamente la gente a la que ruedo. Y aún hay más: la manera de rodar y producir estas piezas, así, solito, al estilo ninja, sin más equipo que el que cabe en una mochila aceptada hasta por Ryanair, se convierte también en una especie de artesanía. Trabajando a ritmo lento, haciéndolo todo yo mismo. Tomándome el tiempo de convertirme en un miniexperto en cada materia. Por ejemplo, ahora sé muchísimo acerca de cómo se hacen los barriles de roble europeo. Del sistema de corte de duelas quartier, de la diferencia entre el roble europeo y el americano, de la diferencia entre una bota y una bordolesa

¿Y el compromiso social?, ¿y el mensaje? Pues no creo que haya mensaje más interesante que el que se desprende de esas personas que producen cosas tranquilamente, sin ínfulas ni burbujas. Creo que los nuevos artesanos pueden ser buenos maestros para los que como yo, se dejan arrastrar por los torrentes de la vanidad.

Quizás la creación de minidocumentales sea una forma de artesanía en sí misma. Habrá que tener cuidado de no convertirlo en un producto industrial ni crear tallas únicas. De momento estoy aprendiendo el oficio y lo estoy pasando muy bien.

La vaca.

noviembre 13, 2012

En fotografía y en general en casi todas las artes visuales se puede abordar cualquier tema de muy distintas maneras. Si uno quiere que todo el mundo entienda lo que quiere decir, procurará fotografiar de la manera más explícita, para asegurarse de que el contenido es bien comprendido por todos.

Si por el contrario lo que se quiere es hacer un alarde de creatividad y restarle protagonismo al contenido, a favor del continente, entonces se ocupará de fotografiar o de editar de manera críptica, alambicada de manera que la mera barrera léxica y semántica discrimine al espectador, dejando fuera a los menos duchos en la comprensión de lo que ven.

Dicho de otro modo: a menudo ocurre que cuendo se tiene algo importante que decir se es directo en la manera de hacerlo, mientras que cuando el tema es menos trascendente se puede tratar de camuflarlo tras florituras formales.

A continuación, una demostración empírica.

Mirando frente a mi, osea, adelante

detrás de un terraplén verde y terroso

observo un animal que no es un oso;

parece, bicolor, un ser rumiante.

Es un detalle, pero es importante,

y raro, extraño; y casi asombroso:

es su pose, su aspecto,  su semblante

de cabeza erguida, porte orgulloso.

Detrás de ese volumen negriblanco

asoma una ciudad mísera entera.

una calle sola, ni un pobre estanco.

Mitad desierto, mitad cementera

lleno de basuras, triste barranco

Dónde estamos? Jerez de la Frontera.

O dicho de otro modo:

Una vaca con el cuello estirado, está sobre la acera en un barrio despoblado de Jerez de la Frontera.

Jerez, a 200.000 people city  has nearly 1000 million € of debt.

Algunos dicen que rebajar el nivel de lo que hacemos o decimos es despreciar la inteligencia del espectador.
Yo opino que es preferible eso a despreciar al público menos instruido.

Citando a George Orwell:

“Nunca uses una palabra larga si hay una corta que diga lo mismo.”

“Si puedes quitar una palabra, quítala.”

“Nunca uses el tiempo pasivo si puedes usar el activo.”

“No uses frases o palabras extranjeras, jergas o palabras científicas, si encuentras palabras corrientes equivalentes.”

Citando  a Nietzsche:

“El que sabe que es profundo se esfuerza por ser claro; el que quiere parecer profundo se esfuerza por ser oscuro.”

Citando a Albert Camus:

“Todas las desgracias de los hombres provienen de no hablar claro.”

Será lo normal.

noviembre 5, 2012

Hace 10 años tuve la suerte de que una -por entonces- incipiente pero prestigiosa galería de arte se acercara a mí para que iniciáramos una relación de colaboración. El plan era muy sencillo: consistía en empezar a exponer mis fotos en sus propios locales y en las distintas ferias de arte para ir así dotándolas de valor y que todos hiciéramos negocio. Parecía que me hubiese tocado la lotería. Mientras muchos fotógrafos hacían lo imposible para que les atendiesen, a mí me venían a buscar. ¿Qué más se podía pedir? Iría a Basel, la FIAC, PhotoMiami… lo mejor de lo mejor!

Yo, que estaba empezando, no tenía un discurso propio. Hacía fotos profesionalmente, pero no había desarrollado unos intereses míos definidos y desde luego, no había llevado a cabo ningún proyecto como debe ser. Tenía un montón de fotos sueltas, con muy poco nexo, o por lo menos con un nexo tan subterráneo que yo ni lo veía. Quizás cuando sea muy mayor sea capaz de ligar todo ese trabajo y relacionarlo con mis dibujos del jardín de infancia y con mis garabatos de demente senil.

La falta de discurso, a las galeristas les parecía un problema, pero no un impedimento. Me dijeron que era como todos los artistas: “en realidad tú no sabes lo que haces, eso te lo decimos nosotras”. Me pidieron que les enseñara un gran número de fotos y ellas hicieron la selección. Seleccionaron unas 20 fotos y ya estaba lista la primera expo. A mí me gustaban las fotos que seleccionaron, pero no se puede decir que estuviera de acuerdo con el método. Pensé “será lo normal”.

Había que hacer una catálogo, así que llamaron a un reconocido crítico de arte profesional quien recogió el encargo de escribir un texto sobre esas fotos y sobre mí. Lo hizo sin llegarme a conocer. Habló conmigo el tiempo que dura un café. Pensé “será lo normal”.

Las galeristas me dijeron que debía dejar de hacer fotografía comercial ni de ningún otro tipo, porque eso devalúa la obra que se expone en galerías. Les pregunté si me darían un sueldo para vivir entre exposición y exposición, pero me miraron asombradas, como si les hubiera hablado en chino. Pensé “será lo normal”.

Hice cuentas: si hubiéramos vendido toda la obra, teniendo en cuanta que para mí iba un tercio del precio de venta, hubiera recaudado unos 15.000€

No es fácil al principio hacer más de un par de exposiciones al año, y nunca se vende toda la obra, así que hubiera tenido que arreglármelas para vivir con unos 10.000€ al año durante algunos años.

Yo ya tenía 30 años entonces, así que esa opción era inaceptable. Supongo que si me pillan con 20 años y viviendo en casa de mis padres hubiera podido jugar a eso, pero mi realidad de persona adulta no acostumbrada a mendigar, se interpuso en mi camino.

Se hizo la expo. Vinieron a entrevistarme de algún medio de comunicación, salió mi foto en los papeles y tuve que ir a cenar con coleccionistas. Quienes han cenado conmigo saben que no soy de los que comen y callan. Más al contrario, hay que mandarme callar. Pero necesito un frontón, alguien que conteste. Las cenas de coleccionistas eran duras, la verdad. Conversaciones de compromiso, risas de lata y ostentación de poca cosa.

Cuando fui a buscar mi obra al almacén de la galería vi mis fotos envueltas en papel de burbujas apiladas junto a obras de Alan Sekula, de José Manuel Ballester. Ese almacén era tan parecido a la zona de recogida de Ikea que pensé “esto no es normal”.

Supongo que a estas alturas sobra decir que la relación terminó y que nunca he vuelto a buscar un galerista. Me gusta ver mis fotos en grande, pero me da mucha tristeza ver cómo las galerías se llenan el día de la inauguración y luego se pasan un mes en silencio sepulcral, con una persona sentada en una mesa que te dice “hola” cuando entras y “adiós” cuando sales.

Antes de que alguien escriba diciendo que soy un resentido y que lo que pasa es que no me ha ido bien y por eso me meto con las galerías, aclaro: puede que sea así, pero más bien creo que simplemente no he comprendido nunca la sobrevaloración por consensos convencionales de aquello que per se es prescindible.

Vender caro? Si, claro, pero en una escala inteligible.

Digamos que las distintas burbujas que han estallado en los últimos años deberían servir de aviso para la que se avecina en el mundo del arte. Sería lo normal, digo yo.


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