Archive for 24 septiembre 2012

El Síndrome de Operación Triunfo.

septiembre 24, 2012

Nuestro oficio, que en principio aboga por un mundo más horizontal, democrático, abierto y armonioso, alimenta desde hace mucho tiempo la muy voraz bestia que es la ultracompetitividad entre fotógrafos. En un vídeo muy comentado en las últimas semanas, el director de Visa pour l’Image, Jean Francois Leroy, comenta, como cayendo súbitamente del guindo, que ya no va a aceptar a concurso trabajos que no hayan sido realizados bajo encargo y con garantías. Más allá de que se va a quedar sin el 80% de los participantes, resulta enternecedor ver cómo ahora se escandaliza de descubrir que la mayoría de los fotógrafos que se dedican al documentalismo y reporterismo lo hacen con el único afán de resultar ganadores en World Press Photo y Visa pour l’Image, además de en alguna otra miríada de premios y becas que se multiplican día a día por el mundo.

Es muy frustrante ver cómo también en fotografía se ha caído en el síndrome de Operación Triunfo, que consiste en escoger a un fotógrafo, a menudo con poquísima experiencia, pero eso sí, tremendamente persistente en las relaciones sociales y empujarle hacia una vertiginosa fama que luego tendrá que mantener.
Es un juego muy peligroso. Primero, porque hace que, efectivamente, personas sin la preparación adecuada se jueguen la vida como si se tratara de un juego de fin de semana en el que el premio es convertirse en el más popular del instituto. Pero aún es peor en términos psicológicos, porque por cada triunfito que surge, quedan cientos de perdedores que gracias a Facebook viven como en un reality show el ascenso al Olimpo de sus colegas, mientras que a ellos no les cae ni la pedrea. Los efectos secundarios a largo plazo en los reyes de la colina es ya cosa suya de ellos.

¿Qui prodest? ¿A quién le beneficia el show de las estrellas? A los ganadores, por supuesto. Pero ¿quién es el viento en las alas de los barcos de papel? Mientras se mantenga encendida la llama del sueño de gloria, la cantera de fotógrafos dispuestos a todo a cambio de palmaditas seguirá con buena salud y los precios seguirán bajando. Las publicaciones y las agencias hacen la ola, aplauden más que nadie y se aseguran de que la fiesta no pare.

La industria musical ya hizo el recorrido antes: colapso del modelo de negocio, seguido de creación de estrellas de laboratorio modeladas a imagen y semejanza de un mundo que ya no existía, con beneficio sobre todo para las grandes productoras y con la complicidad de las viejas glorias, metidas a maestros.

¿Está la fotografía siguiendo sus tristes pasos? ¿Estamos ya ahí, o sólo estamos acercándonos?

Una reflexión triste.

septiembre 17, 2012

Trolley Books es una de las editoriales fetiche para todos los fotógrafos de reportaje, documentales y artísticos. Cualquiera que haya querido publicar un buen libro de fotos ha barajado a Trolley como una de las opciones ideales para ver realizado su deseo.

Trolley ha publicado algunos de los mejores libros de fotografía que se han hecho nunca, claro, pero es que además en Trolley está Gigi Gianuzzi, que es uno de esos personajes realmente más grandes que la vida. Flaquito, con un aire a Frank Sinatra en sus mejores tiempos, se le puede ver siempre, en cualquier festival europeo, con los pies descalzos, su aire de italiano emboscado en Formentera, poniendo su stand él mismo, bajando cajas de libros de su vieja tartana. Porque así es el glamuroso mundo de la fotografía: tienes una de las mejores editoriales del mundo, y una preciosa oficina en Londres pero el negocio no da ni para pagar a ayudantes.

Y precisamente de eso tengo que hablar hoy.

Este post es triste. A Gigi Gianuzzi le han diagnosticado un cáncer de páncreas. El mundo de la fotografía y del arte está en estado de shock. Gigi está buscando tratamientos alternativos en una clínica alemana. La comunidad cultural que le rodea ha creado esta página web en la que se explica la situación y plantea una subasta a beneficio del propio Gigi, con el fin de poder sufragar el costoso tratamiento que necesita.

Porque debe ser que la seguridad Social italiana no es lo suficientemente buena. Ni lo suficientemente eficaz. O a lo mejor, simplemente es demasiado lenta. Seguramente ha sufrido recortes, seguramente las listas de espera son tan monstruosas como las nuestras. Lo más probable es que la seguridad social italiana esté prácticamente en bancarrota. Por eso ante una enfermedad grave Gigi, al igual que tantos otros, apremiados por el miedo al abandono institucional, se lanzan al muy costoso sistema privado, y para colmo en Alemania.

La verdad es que desconozco los detalles de la situación médica, más allá de lo que leo en la web donde lo explican, pero me turba enormemente la idea de tener que hacer colectas para ayudar a alguien que a estas alturas debería ser millonario, si el valor de su trabajo se correspondiera con el valor económico.

Esta noticia y la dramática llamada a la acción para ayudar a Gigi Gianuzzi me hacen pensar en lo precario que resulta vivir de la fotografía. Es cierto que nadie te pone una pistola en la sien para que te dediques a esto. Es cierto que los que vivimos de la fotografía somos unos privilegiados en muchos aspectos. Pero también es cierto que este es un mundo en el que no se corresponde el esfuerzo laboral con el rendimiento económico.

Sobre nuestros hoy tristes y apagados países del sur, planea la sombra de la descomposición del estado del bienestar y de las redes culturales que contra viento y marea se empeñan en mantenerse vivas. En nuestras hoy inquietantes patrias es más verdad que nunca que el arte depende del voluntarismo individual.

La buena noticia es que en nuestros hoy agitados territorios, a éstos jinetes del nuevo apocalipsis ya los conocemos bien, y aquí nunca ha faltado ni voluntad ni talento para mantener viva la llama que a algunos no les importaría ver apagada.

Perpiñán en una imagen.

septiembre 10, 2012

Hace 3 años que no asomo la cabeza por el festival de Perpiñán.

Visa pour l’Image s un festival con solera, que reúne a lo mejor del fotoperiodismo de rancio abolengo, con las proyecciones en las pantallas más grandes que he visto, y que despierta la llama de la ambición en los fotógrafos más románticos. Durante el festival, los jóvenes fotógrafos pueden tomarse una copa al lado de tus ídolos, y cuando ya están bien bebidos, pueden tomársela junto a ellos.

Es una sensación extraña, donde se mezclan momentos de relax y camaradería, con estrés extremo. La ambición profesional suele marcar el estado de ánimo de la gente. Buscan entrar en ese alambicado y hermético mundo que refleja otro mundo que ya no existe. En Perpiñán se trata de perpetuar un esquema de fotoperiodismo cuyas bases se sentaron en una época en la que no todo el mundo podía hacer fotos y las noticias circulaban en papel. No voy a explicar cuánto ha cambiado todo eso, porque todo el mundo lo sabe.

Ahora los triunfadores de la época dorada hacen malabares por mantener un estatus otorgado de manera voluntaria por los jóvenes émulos. Las agencias mantienen viva la brasa del sueño de Life como pueden. Reclutan a fotógrafos que están dispuestos a dar su fortuna, su tiempo y su vida con tal de ver sus nombres impresos bajo las cabeceras de sus sueños. Con el fruto del sacrificio de los  jóvenes aventureros, las agencias afianzan un prestigio que utilizan muy adecuadamente para conseguir contratos corporativos en otras áreas de la fotografía. Este trabajo de Peter Marlow podrá servir de ejemplo. No tengo nada en contra de llevar a cabo dos actividades paralelas que se retroalimentan la una a la otra. Es la base de los medios de comunicación desde que el mundo es mundo. Pero no estoy seguro de que todos los que sufren porque no consiguen cumplir sus sueños sean conscientes de ello.

Mi amiga Eloisa d’Orsi me ha mandado esta foto tomada durante el festival en el barrio gitano de Perpiñán. Francamente, me quedo sin palabras. Esta imagen contiene tantas cuestiones, tantos posibles titulares, tantas interpretaciones, que casi prefiero que seáis vosotros los que propongáis alguna. Quién se anima?

Eloisa d’Orsi – Barrio gitano de Perpiñan. Septiembre 2012

En la entrada original esta foto no tenía censura, pero hoy alguien ha escrito un comentario diciendo que publicar esto es ilegal y que me van a cerrar el blog. Yo no sé si tiene razón y en cualquier caso, soy contrario a la censura. Pero no siento necesidad de provocar y no tengo ganas de que se materialice ese cierre, así que me pliego y censuro. Qué mierda de mundo mojigato.

Siempre hay una primera vez. Y es la mejor.

septiembre 3, 2012

No importa lo extenso y variado que sea tu porfolio. No importa si has publicado muchísimo, o si has ganado premios. No importa que lleves más de una década dedicado 100% a la fotografía en todas sus variantes. Hay un perfil de cliente que no descansa hasta que no ve algo en tu trabajo que se parezca mucho al encargo que te quiere hacer. Hay un perfil de cliente que necesita ver que ya has hecho algo casi idéntico a lo que quiere, para estar seguro de que vas a ser capaz de cumplir. Es el perfil más bajo, claro. Los responsables de contratar a fotógrafos a veces son individuos que están en eso como podrían estar encargando piezas de coche a un proveedor chino, o llevando las cuentas de una empresa de depuradoras. Los que así se comportan suelen ser gente que está tan lejos del centro de poder de su propia organización, que realmente no tienen la menor idea de qué es lo que están buscando, y no tienen la capacidad de ir a preguntarlo. Se guían por la lógica del menor riesgo. Son adictos a las garantías y sienten aversión por lo inesperado. Su mayor preocupación es que no les tiren de las orejas. La mera posibilidad del fracaso les imposibilita ni siquiera tratar de conseguir el éxito. Están abocados a una trayectoria monótona y siempre al borde del despido.

En verdad les digo que no hay nada mejor hecho que lo que se hace por primera vez.

Yo sé con certeza que lo mejor que he hecho en mi vida han sido aquellas cosas que nunca había hecho antes. Cuando he querido o debido repetir un éxito, siempre me he sentido decepcionado por el resultado, y sobre todo, por la sensación de hastío por la ausencia de la incertidumbre. La incertidumbre es lo que hace que pienses más en lo que estás por acometer. El no saber cuáles son los riesgos a los que te enfrentas, hace que te prepares para más contingencias de las que realmente te vas a encontrar, y acabes inevitablemente, inventando cosas. Cuando abordas un proyecto complicado, tal vez por aspectos técnicos, o quizás por su envergadura, o por lo remoto del sujeto, es necesaria mucha concentración.  Es el momento en el que la creatividad crece, como crecen los niños cuando duermen. Al enfrentarte a un proyecto nuevo y desconocido necesitas dedicarle tanta energía que cuando llega la hora de la verdad, estás perfectamente preparado. Más alerta, más tenso en el buen sentido. La satisfacción de ejecutar algo que nunca habías hecho antes, y hacerlo con éxito, no es comparable a nada. E insisto, nunca he tenido un fracaso estrepitoso por ser primerizo, mientras que sí he hecho cosas mediocres cuando he transitado por caminos que ya conocía.

El primer fracaso consiste en empezar a trabajar sin entusiasmo. Parece mentira lo poco que se valora el aspecto psicológico de un fotógrafo, cuando todo el mundo sabe que en el estado de ánimo radica la parte más importante del éxito.

Cuántas veces he pensado para mis adentros “Esta persona está disminuyendo el valor de lo que voy a hacer a cada palabra que pronuncia.” Cada vez que alguien muestra desconfianza o miedo, cada vez que te deja claro quién es el que manda, está tiñendo del pardo color de la mediocridad cualquier cosa que pueda salir de esa reunión. Por eso cada vez disfruto más de trabajar sin intermediarios. Directamente para el receptor.

Por eso y porque el mundo ya es un gran campo sin apenas puertas, veo con cierto optimismo el futuro. Vienen años en los que no vamos a parar de hacer cosas por primera vez, así que vienen años maravillosos.


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