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Fotografiar a niños: un asunto muy delicado.

agosto 27, 2012

En este blog he hablado algunas veces acerca de la complicada relación entre la fotografía y la infancia. Por un lado los niños son el tema número uno mundial en el ámbito de la fotografía casera y personal. Ya no se lleva sacar una foto de la cartera para presumir de niño. Ahora sacas el iPhone y enseñas tu album completo, vídeos incluidos. Los que somos padres somos comprensivos con esta realidad, porque antes o después todos sucumbimos a la tentación.

Por otro lado, las leyes de protección del menor en el mundo occidental están llegando a situaciones tan absurdas como que cuando llegas a una fiesta de cumpleaños, los padres del niño homenajeado te piden, a veces por escrito, un permiso específico para hacer fotos de los menores mientras juegan en el jardín de turno.

Por no hablar de las playas y piscinas. Algunos padres bienintencionados sospechan de todo aquel que saque una cámara en presencia de niños en traje de baño, como si los pervertidos fuesen más abundantes que las personas normales.

Según esa lógica, habría que prohibir la venta de cuchillos de cocina, o de cuerdas de tender la ropa. Casi todo es susceptible de ser utilizado con fines distintos a los que generalmente se espera. Pero no es así. Por cada puñalada asestada con un cuchillo de cocina, se pelan millones de manzanas para hacer tartas. La realidad es que la mayoría de la gente es buena. Son poquitos proporcionalmente, los que van por ahí sembrando el terror.

Algo no funciona cuando la sociedad permite usar a niños para anunciar comida basura, pero se criminaliza la fotografía espontánea de las celebraciones.

Por este motivo, aunque no sólo por ello, creo que es bueno reseñar lo que está ocurriendo en estos momentos en el festival Getxophoto. En su sexta edición, el muy merecidamente aclamado Frank Kalero ha comisariado el festival, y ha seleccionado a 18 autores que han presentado trabajos centrados exclusivamente en la infancia.

Echando un vistazo rápido a lo que aparece en la web del festival, la primera impresión es que los fotógrafos, cuando hacen fotos de niños, procuran que aparezcan de la manera más distinta posible a lo que configura el grueso de la fotografía infantil mundial, es decir, eso que llevamos en el iPhone. Tampoco se parece a la imagen idealizada y empalagosa de la infancia que, salvo honrosas excepciones, nos enseña el siempre impoluto mundo de la publicidad.

Viendo caso a caso cabe preguntarse hasta qué punto son conscientes los niños que aparecen en las fotos del juego al que están jugando. Sospecho que los niños de Jill Greenberg lo viven de un modo muy intenso y que los de Jan Von Holleben seguramente disfrutarán mucho viéndose en esos magníficos trampantojos que han creado escuela. Los niños de Jenomee Yoon me producen desasosiego. Creo que tienen un problema. Me encantan las fotos de Ilona Zwarc y los de Paola de Grenet. Los de Sofie Knijff me dan pena y los de Jaqueline Roberts me recuerdan a una extraña mezcla de Jock Sturges y Irina Ionesco, a los que por cierto, echo un poco de menos. Y ya puestos, ¿por qué no las niñas de David Hamilton y de Lewis Carroll? De Roger Ballen, que es un genio de quien nunca me he atrevido a hablar porque hay demasiado que decir, me quedo con el videoclip que se menciona en el texto que le presenta.

No es necesario detenerme en todos los autores, pero no quiero pasar por alto uno que me llama la atención especialmente. Jonathan Holbin utiliza a los niños para recrear escenas conocidas por todos. La recreación de Abu Grahib y la escenificación del ataque a las Torres Gemelas me hacen removerme un poco sobre la silla, porque creo que los niños no tienen la menor idea de qué es lo que están haciendo y de algún modo se les está manipulando.

Me gusta incluir a los niños en actividades artísticas. Tratarles como seres inteligentes y exponerles a situaciones no convencionales. Creo que es positivo no hacer una separación sistemática entre el mundo de los adultos y el de los niños. Pero con cuidado, porque a veces nuestro deseo de hacer tal o cual foto puede desembocar en una situación pesada para el niño. Yo he trabajado con niños en muchas ocasiones, y sé cuándo un niño lo está pasando bien y cuándo está simplemente obedeciendo a sus padres.

En Getxophoto, al presentar estos trabajos, nos están invitando a reflexionar acerca de la infancia y de su relación con el mundo de la imagen. Para hallar respuestas, quizás sea bueno mirar dentro de uno mismo, tratar de recordar nuestra propia infancia y buscar momentos en los que hemos sido incluidos en los juegos de los mayores. Cada uno sabrá en qué ocasión vivió un momento excitante y divertido, o si en algún momento se sintió un poquito mono de feria. Para ayudaros a buscar esa sensación, os sugiero que recordéis el momento de la foto de comunión. ¿Os divertisteis, o queríais salir corriendo a estrenar los regalos?


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