Como ya no pasan seis horas sin que hablemos de la crisis, del borde del precipicio, del IV Reich y de que volvemos a la España de los 50, yo insisto en señalar las cosas posibles y positivas que nos rodean, especialmente las del mundo de la fotografía.
Una de ellas es el crowdfunding, literalmente, la financiación en masa; aunque en realidad significa más bien financiación directa, sin pasar por instituciones. Muchos ya saben cómo funciona, pero para los que aún no lo tienen claro, la cosa funciona del siguiente modo: pones en una página web de las muchas que hay para este propósito, tu proyecto. Le explicas a la gente por qué es importante llegar a ejecutarlo, cómo piensas hacerlo y un presupuesto. A cambio, a los que te den dinero, les darás premios equivalentes a la cantidad de dinero que te hayan dado. Además tendrán la satisfacción de haber participado de la creación de algo que les interesa. Los proyectos pueden ser de tipo artístico, o de cualquier otro tipo: si tienes una idea genial para conseguir un abrefácil que de verdad sea fácil, expón tu proyecto, y si convence, entre todos te financiarán el prototipo y el coste del registro de patente. Una cosa importante es que si pides una cantidad de dinero y en un número determinado de semanas no has conseguido la cantidad solicitada, el proyecto se cancela y nadie pierde un euro. Lo que puedes hacer es plantearlo mejor y volver a presentarlo. Por ejemplo, estos dos nerds que llevan recaudado un 300% más del dinero que necesitaban. Una buena idea, bien presentada.
Este método de financiación, que parece algo peregrino a veces, en realidad es absolutamente revolucionario. Es el principio del fin de los bancos. Sí, como lo habéis oído: el principio del fin de los usureros que nos están llevando al fin del mundo. Los mismos que le prestaban dinero al primero que pasaba por ahí, sin verificar si podría devolverlo, pero a hora no le prestan ni al genio que tiene una verdadera idea importante. Los mismos cuyos departamentos de riesgo son una simple excusa terminológica para que el pobre director de la sucursal tenga a quién echarle la culpa cuando diga “lo siento, crédito rechazado”..
Al haber un contacto directo entre el que tiene un proyecto y un mercado de potenciales financieros de millones de habitantes, se hace innecesario pasar por el aro del préstamo con intereses de los bancos. Con este sistema de financiación, sólo los proyectos que tienen de verdad un público se financian. No más gente arruinada por creer ingenuamente en una mala idea. No más ideas geniales muertas porque el tipo de la sucursal es incapaz de ver un buen proyecto.
Así que lo mismo ocurre con nuestros proyectos de fotos o documentales. Con este sistema es difícil que una idea genial, de interés general y bien planteada, quede en el cajón. También es muy difícil que un encantador de serpientes engañe al primo del cuñao que trabaja en una sucursal de la CAM para hacer su libro sobre gatos graciosos. Los proyecto personales de tipo onano-narcisista quedan descartados casi desde el principio.
Cuando digo que este sistema puede ser el principio del fin de los bancos, no exagero. Ahora la mayoría de proyectos son de pequeña o mediana envergadura, pero ¿qué me impide plantear un proyecto que de pronto despierta el interés de una gran empresa que decide invertir en él? ¿Qué impide que un museo, o simplemente instituciones no financieras busquen proyectos a través de este método en lugar de andar escuchando uno por uno a los pocos que consiguen llegar a los despachos donde se cuece algo?
Algunos opinan que poner online tu idea para que llegue otro y te la robe, es un riesgo inasumible. Pero hay un par de cosas importante que he aprendido en la vida: la primera, triunfa más el que lleva a cabo un proyecto razonablemente bueno que el que no ejecuta jamás una obra maestra. La segunda, el que no se arriesga no cruza la mar.
En emphas.is, kickstarter o verkami en España podéis ver qué proyectos se están proponiendo ahora.
Si queréis ver un ejemplo de proyecto fotográfico exitoso, aquí va este: buscaban 45.000 $ y consiguieron 66.162 $. Analizadlo y preguntaros qué tiene de bueno.

The Olympic City
Este otro de Gerd Ludwig, también recaudó el doble de lo que pedía.

The long shadow of Chernobyl
Plantear las cosas de esta manera nos obliga en primer lugar, a pensarlas bien, rápidamente y con precisión. Además, es un hecho que cuanto mayor y mejor sea tu red social, más posibilidades tienes. Si tu red social tiene multiplicadores, es decir, otra gente con buena red social, mejor que mejor. De algún modo, este sistema te obliga a ser bueno en casi todo. Es un poco darwinista, es cierto, pero también es tremendamente transparente. En este artículo hay un buen análisis de qué hace falta para que un proyecto consiga financiación (además de una buena idea).
Y como hoy va de ideas positivas, y no paran de decirnos que la única salvación de España es la innovación y la exportación de servicios con alto valor añadido, señalo como ejemplo de eso mismo, la última iniciativa de Blank Paper, que ha decidido abrir sus horizontes a todo el mundo hispanohablante, creando un programa de formación online.
En este video Julián Barón, el flamante autor de Censura, cuenta cómo funciona la cosa. El vídeo no es precisamente un prodigio de realización (dicho desde el cariño, eh?), pero lo que cuenta creo que sí lo puede ser. En todo caso, una vez más, y ya van unas cuantas, pido un aplauso para la gente de Blank paper, que no se amedrentan y en lugar de replegar velas, las extienden y con un poco de suerte, si dan con buen viento, desembarquen en Latinoamérica con el mismo buen pie con el que llevan tiempo caminando en España.
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