Archive for 30 julio 2012

Cerrado por reforma.

julio 30, 2012

Que no por vacaciones.

Por si alguno que esté empezando en esto no se ha enterado, los fotógrafos no tienen vacaciones. Simplemente aprovechan que el resto de la gente sí las tiene para arañar algunos días fuera de servicio.

Básicamente estamos organizando todo aquello que los que sí se van de vacaciones nos han dejado de deberes para el 1 de septiembre, pero desde algún lugar donde hace mucho calor, internet es peor que de costumbre y todos los que te rodean te piden que dejes de mirar el mail aunque sea por un rato.

Como la mayoría somos autónomos, el concepto de vacaciones pagadas nos parece un logro social del futuro. En algunas cosas vivimos en el S. XIX. Aprovechamos para hacer reformas, actualizar la web, imprimir páginas de porfolio y comprobar todo lo que han aprendido nuestros hijos durante el invierno.

Así que hasta septiembre por lo menos. Con un poco de suerte podré inaugurar las nuevas y novedosas novedades para cuando ya esté todo el mundo en marcha. Si para entonces el euro ha caído y llega el apocalipsis, no pasa nada. De todos modos nuestro negocio siempre ha sido completamente darwinista.

Nada nuevo bajo el sol.

¿Es el principio del fin de los bancos?

julio 23, 2012

Como ya no pasan seis horas sin que hablemos de la crisis, del borde del precipicio, del IV Reich y de que volvemos a la España de los 50, yo insisto en señalar las cosas posibles y positivas que nos rodean, especialmente las del mundo de la fotografía.

Una de ellas es el crowdfunding, literalmente, la financiación en masa; aunque en realidad significa más bien financiación directa, sin pasar por instituciones. Muchos ya saben cómo funciona, pero para los que aún no lo tienen claro, la cosa funciona del siguiente modo: pones en una página web de las muchas que hay para este propósito, tu proyecto. Le explicas a la gente por qué es importante llegar a ejecutarlo,  cómo piensas hacerlo y un presupuesto. A cambio, a los que te den dinero, les darás premios equivalentes a la cantidad de dinero que te hayan dado. Además tendrán la satisfacción de haber participado de la creación de algo que les interesa. Los proyectos pueden ser de tipo artístico, o de cualquier otro tipo: si tienes una idea genial para conseguir un abrefácil que de verdad sea fácil, expón tu proyecto, y si convence, entre todos te financiarán el prototipo y el coste del registro de patente. Una cosa importante es que si pides una cantidad de dinero y en un número determinado de semanas no has conseguido la cantidad solicitada, el proyecto se cancela y nadie pierde un euro. Lo que puedes hacer es plantearlo mejor y volver a presentarlo. Por ejemplo, estos dos nerds que llevan recaudado un 300% más del dinero que necesitaban. Una buena idea, bien presentada.

Este método de financiación, que parece algo peregrino a veces, en realidad es absolutamente revolucionario. Es el principio del fin de los bancos. Sí, como lo habéis oído: el principio del fin de los usureros que nos están llevando al fin del mundo. Los mismos que le prestaban dinero al primero que pasaba por ahí, sin verificar si podría devolverlo, pero a hora no le prestan ni al genio que tiene una verdadera idea importante. Los mismos cuyos departamentos de riesgo son una simple excusa terminológica para que el pobre director de la sucursal tenga a quién echarle la culpa cuando diga “lo siento, crédito rechazado”..

Al haber un contacto directo entre el que tiene un proyecto y un mercado de potenciales financieros de millones de habitantes, se hace innecesario pasar por el aro del préstamo con intereses de los bancos. Con este sistema de financiación, sólo los proyectos que tienen de verdad un público se financian. No más gente arruinada por creer ingenuamente en una mala idea. No más ideas geniales muertas porque el tipo de la sucursal es incapaz de ver un buen proyecto.

Así que lo mismo ocurre con nuestros proyectos de fotos o documentales. Con este sistema es difícil que una idea genial, de interés general y bien planteada, quede en el cajón. También es muy difícil que un encantador de serpientes engañe al primo del cuñao que trabaja en una sucursal de la CAM para hacer su libro sobre gatos graciosos. Los proyecto personales de tipo onano-narcisista quedan descartados casi desde el principio.

Cuando digo que este sistema puede ser el principio del fin de los bancos, no exagero. Ahora la mayoría de proyectos son de pequeña o mediana envergadura, pero ¿qué me impide plantear un proyecto que de pronto despierta el interés de una gran empresa que decide invertir en él? ¿Qué impide que un museo, o simplemente instituciones no financieras busquen proyectos a través de este método en lugar de andar escuchando uno por uno a los pocos que consiguen llegar a los despachos donde se cuece algo?

Algunos opinan que poner online tu idea para que llegue otro y te la robe, es un riesgo inasumible. Pero hay un par de cosas importante que he aprendido en la vida: la primera, triunfa más el que lleva a cabo un proyecto razonablemente bueno que el que no ejecuta jamás una obra maestra. La segunda, el que no se arriesga no cruza la mar.

En emphas.is, kickstarter o verkami en España podéis ver qué proyectos se están proponiendo ahora.

Si queréis ver un ejemplo de proyecto fotográfico exitoso, aquí va este: buscaban 45.000 $ y consiguieron 66.162 $. Analizadlo y preguntaros qué tiene de bueno.

The Olympic City

Este otro de Gerd Ludwig, también recaudó el doble de lo que pedía.

The long shadow of Chernobyl

Plantear las cosas de esta manera nos obliga en primer lugar, a pensarlas bien, rápidamente y con precisión. Además, es un hecho que cuanto mayor y mejor sea tu red social, más posibilidades tienes. Si tu red social tiene multiplicadores, es decir, otra gente con buena red social, mejor que mejor. De algún modo, este sistema te obliga a ser bueno en casi todo. Es un poco darwinista, es cierto, pero también es tremendamente transparente. En este artículo hay un buen análisis de qué hace falta para que un proyecto consiga financiación (además de una buena idea).

Y como hoy va de ideas positivas, y no paran de decirnos que la única salvación de España es la innovación y la exportación de servicios con alto valor añadido, señalo como ejemplo de eso mismo, la última iniciativa de Blank Paper, que ha decidido abrir sus horizontes a todo el mundo hispanohablante, creando un programa de formación online.

En este video Julián Barón, el flamante autor de Censura,  cuenta cómo funciona la cosa. El vídeo no es precisamente un prodigio de realización (dicho desde el cariño, eh?), pero lo que cuenta creo que sí lo puede ser. En todo caso, una vez más, y ya van unas cuantas, pido un aplauso para la gente de Blank paper, que no se amedrentan y en lugar de replegar velas, las extienden y con un poco de suerte, si dan con buen viento, desembarquen en Latinoamérica con el mismo buen pie con el que llevan tiempo caminando en España.

¿Quieres ser artista? Estudia economía.

julio 16, 2012

Esta semana en la página de Facebook de Blank Paper han lanzado un debate en forma de pregunta: “¿se puede vivir de la fotografía?”

Sorprendentemente ha habido sólo 16 comentarios hasta este momento. Parece que ese no es un tema a debatir. Porque de hecho, según  los alumnos y aspirantes a fotógrafos con los que he trabajado este año en diversos talleres, no es posible. La mayoría de las personas que quieren dedicarse a la fotografía opinan que en realidad ejercer de fotógrafo es una utopía. Y creo que tienen razón, principalmente porque son muchos los que tienen una imagen de esta profesión muy distorsionada. Los elementos de distorsión principales son los mitos y leyendas que hacen de la fotografía un nirvana en el que el genio creador se forra viajando, viviendo aventuras y siendo aplaudido por sus seguidores de todo el mundo.

La cuestión principal que tiene que quedar clara es que la fotografía responde a la inexorable ley de la oferta y la demanda, igual que todo lo demás. Empeñarnos en querer vender cosas que solo nos interesan a nosotros, es completamente inútil. Muchos de los alumnos que he tenido este año en el que he impartido varios talleres, declaran sin tapujos que no quieren hacer fotografía comercial porque enturbia su trabajo personal y ante el riesgo de que éste último se contamine de aquel, prefieren quedarse en casa de sus padres antes que ensuciarse con encargos.

Para vivir de la fotografía hay varios caminos: el primero es hacer un trabajo tan absolutamente excepcional que sea imposible no reconocerlo y premiarlo con más trabajo. Ese es el caso de Stefanie Sinclaire o  Brent Stirton.

Otro, jugarse la vida de verdad para ver y enseñar lo que algunos quieren ocultar. Como Manu Brabo o Yuri Kozirev.

Otra manera, es ser especialista en algo muy difícil y que requiera una dedicación exclusiva de años y años. Por ejemplo, George Steinmetz y su fotografía aérea.

También es posible centrar el tiro en fotografía comercial, sin tapujos, como Jill Greenberg o William Huber.

Está la moda, que es un sector que produce catálogos por lo menos 2 veces al año. En España, por ejemplo, Richard Ramos y fuera, el gran Terry Richardson.

Y por supuesto, también está el circuito de galerías. Ahí están Gergory Crewdson, o más a mano, Bleda y Rosa.

Está el infinito mercado de las bodas, que no tienen por qué ser cutres. Por ejemplo, Brent Foster.

Libros corporativos, publicidad monda y lironda, retratos editoriales, vídeos industriales y documerciales bonitos. Catálogos comerciales, memorias anuales, fotos para colegios, de comuniones y de cumpleaños. Arquitectura, interiorismo, eventos, conciertos, ONGs… todo y todos necesitan fotografías. Y nosotros podemos hacérselas. Y si no podemos hacer fotos, podemos retocar fotos para otros. No existe una sola foto comercial que no haya sido retocada. La postproducción requiere de una inversión mínima y se puede hacer desde casa y para todo el mundo. Por ejemplo, lo que hace Eclipse.

A cambio de estos trabajos de encargo, nos darán euros, o dólares, con los que podremos ir a fotografiar los descampados solitarios que tanto nos gustan, autoeditarlos, y celebrarlo con nuestros colegas fotógrafos bebiendo absenta y recitando a Beaudelaire.

Una cosa no quita la otra. A los que creen que no es posible vivir de la fotografía, les aclaro una cosa: lo que no es posible es vivir del cuento, pero de la fotografía es perfectamente posible. Eso sí, hay que meterse en la cabeza que un fotógrafo es una empresa de servicios y por lo tanto necesita una inversión en formación, análisis de mercado, marketing, contabilidad, optimización de recursos, asistir a festivales y encuentros, estrategia de redes sociales, plan de exportación y todo lo que las empresas hacen normalmente.

Scorsese, David Hockney, Green day, Walt Whitman, Barishnikov; si ellos pueden trabajar por encargo, nosotros también.

Y si aún te quedan dudas, mira esto:

Afronautas y Princesas.

julio 9, 2012

Laia Abril y Cristina de Middel son dos jóvenes fotógrafas españolas que desde Italia y el Reino Unido respectivamente, están trabajando con tanta constancia como sentido del humor. Lo del sentido del humor lo veo sobre todo en sus entradas acompasadas de Facebook, que a veces resultan entre cómicas y muy cómicas.

Lo de la constancia sin embargo, se ve por sus frutos. O sea, por sus libros.

Cristina de Middel lleva meses calentando el ambiente con la salida de su libro The Afronauts. Lo de hablar de tu libro meses antes de que salga es una estrategia muy 2.0, que sin embargo no está exenta de riesgo. Puede crear expectativas muy altas, que de no cumplirse podrían estallarle al autor en la cara. Pero no ha sido este el caso.

The Afronauts es un libro magníficamente diseñado. Cuidado en su factura. Elegante y delicado. Un pequeño ejercicio de virtuosismo de imprenta donde hay distintos papeles, fotos, facsímiles de cartas, desplegables e ilustraciones. La encuadernación es preciosa y muy original. Aunque a decir verdad, no se abre demasiado bien. El tamaño es bonito; un poquito pequeño para mi gusto.

Este es un libro en el que el envoltorio parece ser más importante que la fotografía en sí, que tiene un lugar importante, pero al servicio de fines más ambiciosos. Bajo la dulce capa de la exquisitez editorial que nos habla de un episodio anecdótico y entrañable de la historia de Zambia, subyace una reflexión acerca de la situación real de los países africanos respecto al resto del mundo y de la percepción que de ellos se tiene. En los años 60 el profesor Edward Makuka,  propone mandar a 11 afronautas y un gato a Marte con una catapulta. Pide a la UNESCO apoyo financiero, y con ello hace un ejercicio de irónica poesía, a través de la cual reflexiona acerca de una situación de inferioridad material, no equivalente a una presupuesta inferioridad de ambiciones y objetivos. Este libro nos habla de la universalidad de los deseos. Nos recuerda que lo que distingue a unos seres humanos de otros son las circunstancias materiales que les rodean, mientras que los motores emocionales, las aspiraciones de ricos y pobres son, en esencia las mismas. ¿Por qué no deberían los zambianos tener un programa espacial? ¿Por qué nos suena a broma? ¿Hasta qué  punto se pueden perpetuar un estereotipo?.

Afronauts no es una broma de buen gusto o un ejercicio de narcisismo artístico. Es una reflexión necesaria, hecha de una manera sofisticada y delicada. No sé si ha quedado claro: el libro me ha gustado.

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Laia Abril también lleva también tiempo en otro proyecto, pero este sin embargo, no tiene ni pizca de gracia.

Es un compendio de fotos de Princesas, uno de los distintos nombres que usan para identificarse las anoréxicas extremas y exhibicionistas. Bajo el título Thinspiration, que es la palabra clave a través de la cual se puede encontrar todo este material en internet, Laia ha reunido algunas de las fotos más escalofriantes que he visto en años. Por lo que tengo entendido algunas son ya clásicos de Internet. otras son fotos de médicos, y puede que haya alguna fake. Todas son fotos que las propias chicas ponen en sus perfiles, y muchas no son fáciles de conseguir.

En este trabajo también ocurre que la fotografía tiene un papel secundario. En este, en realidad, tiene un papel menos que secundario. Es púramente utilitario, una triquiñuela legal. Porque en realidad Laia podría haber simplemente capturado las fotos que ha ido encontrando y añadirlas a su macabro album. Pero al fotografiar la pantalla, más allá de consideraciones artísticas, hace un ejercicio al estilo de Michael Wolf  y se libra de una posible demanda, ya que nadie puede realmente impedir que fotografíe la porción del mundo que le parezca, sea esta una piedra o una pantalla de ordenador encendida. Porque aquí hay material privado y bastante hardcore.

Tanto que alguna publicación ha decidido no incluir este trabajo entre sus páginas, después de haberlo aprobado sin haberlo visto. Este trabajo ha levantado no poco revuelo, porque ha sido tildado de morboso y sensacionalista. Se ha dicho que eran imágenes como del Interviú de los 80: puro morbo y casquería.

Desde el punto de vista editorial, este trabajo tiene forma de fanzine (con buen diseño, eso sí), lo que de alguna manera subraya el carácter marginal del contenido. A mí me hubiera gustado más un libro de tapa dura, con papel lujoso y que fuera caro. Un poco como los de (salvando las distancias) Taryn Simon. Me gusta la idea de que cuanto más cutre sea el contenido, más lujoso sea el envoltorio.

 

Este trabajo me interesa sobre todo porque recoge en una publicación algo que casi todos sabemos que existe, pero que no tenemos las ganas o el valor de ponernos a buscar en internet. Porque nos revuelve las tripas y porque hasta nos da miedo. Por eso, porque tengo la sensación de haber visto algo nuevo, o haber aprendido algo, creo que este trabajo merece la pena ser visto.

En estos días de proyectos improvisados, de ideas cogidas con alfileres, de libros hechos con retales mal cortados; en estos días en los que vemos a jóvenes copiar estilos ajenos con tal de formar parte de grupos idolatrados, está bien ver a dos jóvenes ambiciosas transitar por los caminos que ellas mismas van trazando.

Autopromo y piezas de las que aprender.

julio 2, 2012

La semana pasada colgué en Facebook una pieza que he terminado hace muy poco. Es un documercial; ya sabéis, esas piezas audiovisuales que tienen como objetivo presentar un producto o servicio, pero que están basados estrictamente en hechos y personas reales. Va de dos chicas que diseñan unos zapatos peculiares desde su rincón paradisíaco de Mallorca y los producen entre Bangladesh y Mallorca.


Llevo tiempo hablando de este tipo de piezas, así que ya que he hecho uno, me parece adecuado hablar de ello en este blog. Y no sólo porque me apetece que todo el mundo lo vea, que en realidad para eso ya está Facebook. Quiero volver a recordarle a aquellos que ya no saben ni a dónde mirar para ganarse la vida, que hay todo un enorme campo abierto por este lado.

Y no es que tenga yo uha bola de cristal, pero me he pasado meses rastreando Vimeo y analizando lo que se está haciendo en Estados Unidos y lo que no es Estados Unidos.

Esta pieza sobre un diseñador de muebles es algo lenta y quizás demasiado larga, pero hay mucho de lo que aprender, sobre todo de cómo conseguir cercanía y calidez respecto a un personaje:

Con esta otra creo que podemos reflexionar acerca de qué se puede hacer en un espacio extremadamente reducido. Nada de grandes paisajes, ni parajes de ensueño. Una cafetería de mala muerte, pero que parece una película de Scorsese.

Este otro es quizás el menos emocional, pero está tan bien rodado y el audio es tan bueno que merece la pena verlo con cuidado.

Os señalo algo: en estas piezas no hay una sola foto, es puro video. Pues si; ya he llegado a la conclusión casi firme de que no merece la pena mezclar las dos cosas. O vas a por setas o vas a por rolex. Y cuando se trata de trabajos de los de cobrar, el vídeo es mucho más demandado que las fotos. Sobre todo porque el montaje es una barrera que realmente pocos pueden superar. Así como las fotos ya han pasado a ser tecnología casi de uso común, con el vídeo hay una dimensión que aún no está al alcance de todos. Ya puedes tener la mejor cámara y hacer buenos encuadres, que si no sabes montarlo y crear la narrativa, estás perdido. Y esa es la frontera que el 90% no va a saber cruzar. Con las fotos, el cuñao o primo del cliente, y el propio cliente, a menudo piensan que son capaces de hacer un trabajo aceptable y coherente. Casi siempre se equivocan, pero su creencia hace que nos regateen el dinero hasta límites insospechados. Sin embargo, con el vídeo se enfrentan a algo que ellos mismos ven como superior a sus fuerzas. Y es ahí donde nos podemos hacer fuertes.

La Roja ha cambiado su juego y ahora no para de ganar. De algún modo, podemos reflexionar acerca de eso y abrir nuestras mentes a cosas nuevas que nos enriquezcan y que nos permitan vivir de lo que nos gusta a tiempo completo, y no sólo los fines de semana.


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