Archive for 29 abril 2012

Cambiar de perspectiva y descansar un rato.

abril 29, 2012

Un vertido de crudo en el Delta del Níger, miles de norcoreanos llorando la muerte del viejo líder, un padre sostiene el cuerpo de su hijo muerto, un rebelde se retuerce de dolor con tres tiros en el abdómen, un soldado ni se mueve, con las dos piernas amputadas, cientos de necesitados hacen cola frente a un centro de asistencia, una chalupa lleva a diez vivos y a otros tantos muertos de una orilla a otra, una familia lucha contra la policía mientras son desahuciados, una tribu malvive a pocos metros de un vertedero, ancianos medio muertos, abandonados en las calles de Bombay, las tiendas de campaña de los supervivientes del terremoto de Haití, prostitutas de Bangkok… ¿sigo?

En otro canal, una serie de retratos de amigos con cara de sueño, 30 fotos de ceniceros a los pies de colchones sucios, parkings desolados en invierno, parkings desolados en verano, parkings desolados bajo la nieve, parkings desolados a puntapala, salas de espera en países del Este, fotos viejas en paredes con papel pintado, una serie de casas abandonadas, otra serie de gente durmiendo en la butaca, otra serie de autorretratos a intervalos de un mes, cien fotos de los objetos personales de desconocidos, miles de farolas torcidas, fotos de gente que pasa por la calle y de perros solitarios… ¿sigo?

En un tercer canal, un canal que me ha alegrado el domingo, y que me recuerda que no todo está perdido, emite esta pieza sobre George Steinmez, un fotógrafo que lleva décadas sobrevolando el mundo con un ala delta y un ventilador a la espalda.

Y no, no es como Yann Arthus Bertrand. No es el mundo desde un helicóptero. Es otro juego, otra altura. Una perspectiva desde la que el mundo se ve como un tablero de ajedrez, en el que es sencillísimo ver cómo se mueven las piezas. Una distancia suficientemente grande como para ver las cosas con perspectiva, pero no tanto como para deshumanizarlas.

De la mano de MediaStorm, ahí va esta pieza que nos trae mucha belleza, calma y una agradable sensación de que aunque la cosa está entre mala y muy mala, hay oasis de belleza. Me han entrado ganas de hacer la mochila cuanto antes.

A modern german Mephisto

abril 23, 2012

You want to buy something, but you know the only place you can find it is a tiny shop where you are not allowd to enter unless you know a 10 digits code.

You do know some people who have figured out a bunch of them. You have been trying to find the code for years. You talk about this code often with your friends, but none of them has ever actually entered the shop. You’ve bought things that are quite similar to what you think you will find into that mysterious little shop, but you somehow know there’s something unique in there.

One day there’s an Open Doors Day in your hometown. You make it to join the group of about 15 that will finally have a look inside.

The owner says: “don’t try to buy anything. I’m not selling. I will show you all my products. Then, one by one, I’ll ask you the door code.”

The 15 are grown up men and women, but a far memory from childood, a mixture of excitement and anxiety invades them for a while. You see the others trying. Some know 3 digits, most of them about 6, and a couple know 8. In fact you can’t really tell who’s got it right. If any.

The owner insists: “I’m not here to sell, my business is related to History. I don’t want your money. I just want to make sure that my product ends in the right hands, so when I decide to sell, I’m even giving the instructions for the new owner to try to reproduce it. This way, when I die, the seed will be properly spread, and I hope someone will keep my shop open.”

The more you are told not to try, the more you want to buy it. It must be something that goes beyond power, money or sex. It has to go beyond your living time on Earth.

Once you own it, the owner of the tiny little shop will become your servant.

An arrogant servant that knows how you look like at 4 am in underwear. A servant that treats you like you are the servant. A man that will take a slap from you, but has the power to make you do wherever he wants you to do.

A bit as in Goethe’s “Faust”, this modern german Mephisto will re-sell you your own soul. A soul that you gave him for free a long time ago, when you decided you wanted to make the best possible photo books on Earth.

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Quieres comprar algo, pero sabes que el único lugar donde vas a encontrar lo que buscas es una pequeña tienda en la que no puedes entrar a menos que te sepas un código de 10 dígitos.

Sabes que algunas personas ya han descifrado alguno de los números. Tú mismo has estado intentando descifrar el código durante años. Hablas de ello a menudo con tus amigos, pero ninguno de ellos ha entrado nunca en la tienda. Has comprado cosas muy parecidas a lo que imaginas que vas a encontrar en esta misteriosa tiendecita, pero de algún modo sabes que ahí hay algo que es único.

 Un día hay Jornada de Puertas Abiertas en tu ciudad. Consigues estar en el grupo de 15 personas que finalmente podrán echar un vistazo dentro.

 El dueño dice: “no intentéis comprar nada. Nada está en venta. Os voy a enseñar todos mis productos. Luego, uno por uno, os voy a preguntar el código de la puerta.”

 Los 15 son hombres y mujeres ya creciditos, pero un lejano recuerdo de la infancia, una mezcla de excitación y ansiedad les invade por un momento. Ves a los demás intentándolo. Alguno sabe 3 dígitos, la mayoría 6, y un par de ellos, 8. En realidad es imposible saber quién lo ha dicho correctamente, si es que alguien lo ha hecho.

El dueño insiste: “no estoy a quí para vender, mi negocio tiene que ver con la Historia. No quiero vuestro dinero. Sólo quiero que mi producto acabe en las manos adecuadas, así que cuando decida vender, os daré incluso las instrucciones para que podáis intentar reproducir lo que habéis comprado, por vuestra cuenta. De esta manera cuando muera, la semilla estará bien diseminada y espero que alguien mantenga el negocio abierto.”

 Cuanto más te dicen que no lo intentes, más quieres comprar. Debe de ser algo que va más allá del poder, el dinero o el sexo. Debe ir más allá de de los años que te quedan de vida en la Tierra.

 Una vez que lo posees, el dueño de la pequeña tienda se convierte en tu siervo.

Un siervo arrogante que sabe qué pinta tienes a las 4 de la madrugada en ropa interior. Un siervo que te trata como si el siervo fueras tú. Un hombre dispuesto a encajar una bofetada tuya, pero con el poder de hacerte hacer lo que él quiera.

Un poco como en el “Fausto” de Goethe, este moderno Mefistófeles alemán te revenderá tu propia alma. Un alma que tú mismo le regalaste hace mucho tiempo, cuando decidiste que querías hacer los mejores libros de fotos del mundo.

clik the picture

Memorias prestadas de Adriano

abril 15, 2012

En Roma, durante las interminables comidas oficiales, se me ocurrió pensar en los orígenes relativamente recientes de nuestro lujo, en este pueblo de granjeros parsimoniosos y soldados frugales, alimentados a ajo y cebada, repentinamente precipitados por la conquista en las cocinas asiáticas y hartándose de alimentos complicados, con torpeza de campesinos hambrientos. Nuestros romanos se atiborran de pájaros, se inundan de salsas y se envenenan con especias. Un Apicio está orgulloso de la sucesión de entradas, de la serie de platos agrios o dulces, pesados o ligeros, que componen la bella ordenación de sus banquetes; vaya y pase, todavía, si cada uno de ellos fuera servido aparte, asimilado en ayunas, doctamente saboreado por un gastrónomo de papilas intactas. Presentados al mismo tiempo, en una mezcla trivial y cotidiana, crean en el paladar y el estómago del hombre que los come una detestable confusión en donde los olores, los sabores y las sustancias pierden su valor propio y su deliciosa identidad.

 Memorias de Adriano – Marguerite Yourcenar

En Madrid y Barcelona, durante los intensos días de talleres, se me ocurrió pensar en los orígenes relativamente recientes de nuestra riqueza audiovisual, en nuestro grupo de fotógrafos parsimoniosos y frugales, alimentados con fotografías y páginas, repentinamente precipitados por la conquista en las producciones multidisciplinares y hartándonos de multimedias complicados, con torpeza de fotógrafos hambrientos. Nos atiborramos de interactividad, nos inundamos de metadatos y nos envenenamos con After Effects. Un Hispano está orgulloso de la sucesión de narraciones, de la serie de documentales largos o cortos, pesados o ligeros, que componen la bella ordenación de nuestros canales de Vimeo; vaya y pase, todavía, si cada uno de ellos fuera servido aparte, asimilado en serenidad, doctamente contemplado por un editor de intereses intactos. Presentados al mismo tiempo, en una mezcla trivial y cotidiana, crean en los ojos y los oídos de la persona que los visiona una agotadora confusión en donde las historias y los contenidos pierden su valor propio y su deliciosa identidad.

Me encanta y me emociona todo lo que está pasando con la fotografía, soy un experimentador y un apóstol de la revolución multimedia. Pero a veces siento que nos despistamos acerca de lo que realmente cuenta: que tenemos que contar historias, y que podemos hacerlo de modo muy sencillo.

Master en storytelling en menos de 4 minutos.

abril 9, 2012

Hoy no he podido escribir. Hasta que pueda hacerlo a lo largo de la semana, os dejo una escena de Mad Med en la que Don Draper explica lo que significa contar una historia. Una escena que en su contenido, como en su continente en términos de guión, de interpretación y montaje, es un master en storytelling.

Youtube no me permite empotrarlo en esta entrada, así que hay que verlo en en una página aparte.

Publicidad, los medios y un joven genio.

abril 2, 2012

Hace más de 10 años que dejé mi trabajo en una agencia de publicidad. Sin embargo, sigo formando parte del Club de Creativos. Y sigo ahí porque sigo queriendo tener relación con ese mundo. Porque creo el mundo de la publicidad tiene mucho que ofrecer al mundo de la fotografía, además de trabajo y sustento. La publicidad es la cuna y el laboratorio de la comunicación más eficaz que existe. En publicidad los dilemas éticos son muy poquitos y los presupuestos mucho más altos que en periodismo y documentalismo, así que es un campo muy abierto, en el que la experimentación es lo normal y no la excepción. Ahora que estamos a tope con esto de los audiovisuales y multimedia, es el momento de mirar de cara a la publi y ver que tiene mucho que enseñarnos.

Bueno, es verdad que la mayoría de la publicidad que vemos es insufrible. Completamente insufrible. Pero también es cierto que los que se dedican a ello, en su mayoría, quisieran poder ofrecernos algo mejor. Porque ellos también tienen su propia crisis. También ellos están mandando a cientos de profesionales al paro. También ellos son víctimas del miedo a perderlo todo, y por eso en los últimos tiempos se aferran más de lo que sería recomendable a fórmulas manidas pero avaladas por la tediosa regularidad de la reacción del maldito mercado, que el diablo se lleve.

Como hay poquísimos fotógrafos que formen parte de ese club, volví a salir elegido para formar parte del jurado, en el apartado de gráfica, especialidad “ejecución”. Al margen de lo interesante que resulta siempre formar parte de un jurado, tengo que decir que salí de ahí bastante deprimido. O las agencias de publicidad no han producido suficientes piezas buenas este año, o simplemente han decidido que no merece la pena presentarlas a un certamen. Porque lo que ahí teníamos frente a nosotros era una escuálida selección de piezas fotográficas, gráficas, tipográficas y de otras especialidades, de entre las que debimos elegir las que merecían ser incluidas en el libro. Por mi parte no fue fácil. Yo sé que se hacen cosas mejores. Y también sé que si se premian cosas regulares se le hace un flaco favor a la industria, porque se le manda el mensaje de que todo va bien, cuando no es el caso. No lo es.

Los medios impresos están ciertamente de capa caída y raída. Y no sabéis cómo lo lamento, porque se produce un bucle por el cual tales medios no tienen anunciantes y por lo tanto desaparecen. Que se lo pregunten a Público. Y los que sobreviven se vuelven más moderados, más adocenados, no vaya a ser que los pocos que aún les dan dinero se enfaden y se vayan. En la misma medida, los fotógrafos pierden tanto los posibles encargos editoriales como los encargos publicitarios. Eso es malo para todos, pero principalmente para el periodismo, porque deja de poder existir dignamente.

O quizas todo consista en asumir que el mundo impreso no merece la pena y listo. Ya lo veremos. El caso es que todo se mueve al mundo online y audiovisual. Como decíamos la semana pasada, es ahí donde tenemos que mirar si queremos salir de esta.

Y como hoy el post va de publicidad, de audiovisual y de salir de la crisis, os presento este video que está circulando como la pólvora por Facebook. Es de un joven que está buscando trabajo. Un tipo que no se ha complicado la vida. Ha cogido al toro por los cuernos y ha procucido con poquísimos medios una pieza que llega al centro del corazón y con la que descubrimos a una persona creativa, inteligente y probablemente buena.

Estoy casi seguro de que no va a tardar ni una semana en conseguirlo. Si alguien lo conoce y se entera de algo, que lo cuente.

 


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