Archive for 27 febrero 2012

El Síndrome de la Vida Unica.

febrero 27, 2012

Hoy pensaba escribir un artículo sesudo acerca del síndrome de la vida única. Una reflexión prácticamente calcada de un artículo que leí hace poco y que creo que se aplica bien al entorno fotográfico.

Para resumirlo, lo que venía a decir es que quien más y quien menos, todos deseamos alguna vez vivir la vida de otra persona. A veces incluso nos preguntamos si no tomamos la decisión equivocada cuando dimos los pasos determinantes que nos llevaron a donde estamos ahora. Iba a explicar eso haciéndolo un poco más largo, pero en realidad no hace falta. Ya sabéis: eso de que al fotógrafo de moda a veces le gustaría ponerse un antibalas, y al que está siempre rodeado de gente armada le gustaría, de vez en cuando, tener frente al objetivo alguna mujer mucho más guapa de lo que nunca podrá aspirar, obedeciendo sus órdenes, no tan  sutilmente erotizantes. Por supuesto, lo mismo se aplica sea cual sea la combinación de géneros que se prefiera.

Luego había un reflexión: este síndrome es necesariamente moderno, porque cuando no eras consciente de a qué se dedicaban los demás, no podías desear sus vidas. Un pescador almeriense de 1880 no deseaba ser bailarín de ballet clásico, porque no tenía noticias de que eso existiera.

La conclusión era que como Facebook nos hace mirar la vida de los demás más que nunca, corremos más riesgo que nunca de sufrir el síndrome de la vida única, cuyo principal síntoma es un malestar general que aflora cada vez que observamos una vida ajena a la que podríamos haber accedido pero no lo hicimos. Es decir, estamos abocados a enrevesarnos en pensamientos metaexistencialistas, que no nos ayudan a hacer buen trabajo, sino más bien a lo contrario.

Total, que luego decidí no escribir el artículo, pero al final, entre pitos y flautas, ahí ha quedado.

Para ilustrar a qué me refiero, me remito a la web de Rita Lino. Una fotógrafa de moda/arte que transita por el mundo autoreferencial, pero con una valentía y soltura de la que carecen muchos que lo han intentado. Desfachatez, sensualidad, provocación y autenticidad. Pocas cartas ocultas y muchos trapos sucios. Y aquí, también cosas por encargo.

Una manera de entender la fotografía que me gusta. No es la que yo he elegido, pero que quizás  elija en la próxima vida.

¿Puedes hacer fotos y vídeo a la vez?

febrero 20, 2012

Este post va dirigido especialmente a los clientes de los fotógrafos y videógrafos, sean estos editoriales, documentales, corporativos, publicitarios o lo que sean.

Una de las mentiras que menos abiertamente hemos denunciado y que más eco necestian, en estos tiempos que corren, es la leyenda urbana de que es posible hacer fotos y vídeo a la vez.

Es posible hacer fotos y vídeos a la vez, pero no buenas fotos y buen vídeo a la vez. Una de las dos actividades, si no las dos, saldrá algo perjudicada.

Este es un tema que está sobre la mesa desde hace tiempo, y necesita, de una vez por todas, un punto y final. Pues bien, hoy lo voy a explicar clarito, clarito.

Sea cual sea la historia o situación que queremos contar con fotos, el objetivo final, el epítome de los propósitos, la madre de todos los deseos del fotógrafo, es ser capaces de contarlo todo en una sola imagen. Damos por buena una imagen que contiene todo lo que queremos decir, sin necesitar ni de otras imágenes alrededor, ni pies de fotos, ni títulos. Por supuesto, este Santo Grial, esta Piedra Filosofal, este Eldorado es algo que si tenemos suerte, somos capaces de llevar a cabo media docena de veces, a lo largo de una vida longeva. Cartier Bresson decía que hacía una o dos fotos buenas al año. Entre medias, hacemos fotos que se quedan en un 50, 60, o 95 % del objetivo.

Cuando vamos por ahí haciendo fotos, estamos concentrados en incluir dentro del encuadre toda la información física y emocional de la que somos capaces, para conseguir esa imagen perfecta que no se necesita más que a sí misma para estar completa.

No así el vídeo. El vídeo tiene inevitablemente la dimensión del montaje. Poner una pieza detrás de otra, en el orden adecuado, para que el significado de la pieza final sea exactamente lo que queremos. Y esta es la palabra clave: pieza.

Cuando grabamos vídeo estamos recogiendo piezas de un puzzle que montaremos después. No necesitamos toda la información frente al objetivo cada vez que disparamos. Necesitamos mucha información paralela y secundaria, que configura el universo del matiz, con el que contamos para terminar nuestra narración o retrato.

Imaginad que estáis haciendo un reportaje sobre una persona. Si es de fotos, la persona debe aparecer en el encuadre en la inmensa mayoría de los disparos. Casi diría que en todos. Nos centramos mucho en esa persona. Soñamos con poder contar, en muy pocas viñetas (o incluso en sólo una) lo que define a esa persona que está siendo perfilada.

Si estamos haciendo vídeo, no necesitamos que la persona esté siempre en cuadro. Grabaremos muchas cosas que rodean a la persona. Sus objetos, su calle, su casa o sus amigos. Podemos hacer un retrato en video de una persona sin que aparezca más que un plano.

En foto no funciona así. Ya sé que siempre habrá quien diga que se puede hacer una foto de alguien sin que salga en la foto, pero también sé que no conozco ningún retrato de esas características que haya perdurado en el tiempo.

El caso es que el cerebro funciona de manera muy distinta cuando buscamos encontrar una imagen que resuma todo lo que queremos contar, que cuando estamos buscando piezas con las que luego construiremos un total.

El ejercicio de síntesis de la fotografía es antagónico al ejercicio de ramificación del vídeo. Por supuesto que luego se pueden juntar, y que en el fondo tampoco necesitamos hallar el Nirvana cada vez que trabajamos, pero sentía la necesidad de establecer este debate, ahora que estoy todo el día viendo y haciendo piezas multimedia y por lo tanto conviviendo con esta contradicción cotidianamente.

Este, por supuesto, es un debate que se presta a muchas réplicas e interpretaciones. Lo he hecho a propósito para provocar a los que tienen los nervios a flor de piel, y también para dárselo a leer a los que  me pregunten “¿puedes hacer fotos y vídeo a la vez?”

Ardo en deseos de oír vuestras experiencias y recetas al respecto. ¿Quién tira la primera piedra?

Ahí os echo un vídeo al que no sabría añadirle una foto ni harto de vino.

 

 

Un link de primera y nada que decir.

febrero 13, 2012

A veces me preguntan si no se me hace difícil escribir un post todas las semanas. El principal valor de este blog es su constancia. Bueno, a veces también el contenido. Pero yo soy muy consciente de que la mera constancia es un valor en sí mismo, en estos días de impaciencia y reacciones a cualquier impulso.

Lo dejé una temporada porque se había convertido en una obligación algo pesada. Lo he retomado, y mi santa esposa me aconsejó que si un domingo no tenía nada que contar, que no me preocupara tanto.

A que ya os oléis por dónde voy? Pues sí. Hoy ha sido un día largo, con viaje, reunión, agenda, cena y licor de 42 hierbas. No tengo mucho que contar y estoy con amigos de charla. No es el mejor momento para decir “esperad, que tengo que escribir el blog”. Aún así, como podéis comprobar, lo he hecho.

Para que la cosa tampoco sea en balde, os dejo un link de primera categoría.

Ni lo comento. Comentadlo vosotros, por favor.

A los ciegos, suerte. A los visionarios, ánimo.

febrero 6, 2012

A menudo he dicho que no me dedico al video principalmente porque es un formato que implica depender de demasiada gente: productores, montadores, postproductores, ingenieros de sonido, coloristas… por no hablar de los equipos de rodaje en producciones no documentales: director de fotografía, ayudante de dirección, ayudante de cámara, auxiliares de todo tipo, jefe de eléctricos, eléctricos… decenas de personas alrededor de una escena, trabajando con una cámara de cine que cuesta 250.000 €. Una pesadilla para el creador independiente. Pasas la mitad del tiempo en elaboradas estrategias diplomáticas para dirigir a un equipo, que si tienes suerte hace el 80% de lo que le pides.

La foto sin embargo, es más para mí: una bolsa al hombro un equipo asequible, un portátil y listo para publicar. Por supuesto que para producciones comerciales, la fotografía se puede complicar tanto como quiera y pueda pagar el que la encarga. Pero para trabajos periodísticos, documentales y personales, la foto siempre ha sido el ámbito de las almas autosuficientes y poco amigas del compromiso creativo.

Pero las cosas hace tiempo que han cambiado radicalmente. La revolución llegó con la Canon 5DMark II. La primera cámara que permitió rodar (grabar) con calidad realmente cinematográfica a un precio increíblmente reducido. A esa locomotora se le han ido añadiendo vagones con programas de montaje y postroducción casi regalados, ordenadores potntísimos, almacenaje de memoria en disco duro y flash, plataformas de publicación, bancos de sonidos y músicas y muchísima información sobre cómo usar todo esto.

Hoy ya no hay motivo para no hacer vídeo. Hoy, la pregunta puede ser exactamente la opuesta: si los medios de papel son los que están al borde de la extinción, ¿tiene sentido seguir esforzándose por publicar en ellos?

Esos mismos medios, que debido a su posición privilegiada podrían haber liderado la transformación del modelo de negocio hacia el soporte multimedia, están dejando pasar, para mi absoluto asombro, la oportunidad de remangarse, ponerse a producir contenidos y asegurarse la audiencia del futuro. Están dejándose morir, sin la menor reacción. Debe ser que creen que Internet va a desaparecer, o algo así.

¿Sabéis quién tiene hoy la mejor página de contenidos audiovisuales del mundo hispanohablante? RTVE, claro. Es bastante primitiva en su diseño, es algo caótica, conviven demasiadas cosas en pantalla y sus contenidos, en algunos casos son discutibles. Digamos que hay gente pa tó.. Pero son lo únicos que han reaccionado con seriedad a la durísima competencia de Internet. Será porque lo audiovisual es su territorio natural. Será porque saben bien que una pantalla vale la otra y que lo único que cuenta es el contenido. O también será porque es una televisión pública y cuenta con fondos asegurados para producir.

El caso es que hoy, en este mismo momento, se están formando miles de futuros reporteros, documentalistas, creadores de series, directores audiovisuales. Equipos minúsculos e incluso monocelulares, que podrían proveer de contenidos a los periódicos si se los estuvieran pidiendo y pagando, pero que en vez de eso, han decidido aumentar el número de páginas de porquerías del corazón o casi.

Pero los autores no están dejando de trabajar. Un autor tiene necesidad de hacer su trabajo, al margen de si puede explotar su obra o no. Y si no, mirad series como Malviviendo o los informes del frente de Alberto Arce o/y Ricardo García Vilanova.

La cosa es así: los medios impresos están en extinción. Los medios de pantalla crecen como la espuma y la audiencia está ahí. Como en última instancia, quien paga todo es precisamente la auidiencia, no os preocupéis, es sólo cuestión de tiempo que ser creador multimedia sea un trabajo remunerado en proporción a la calidad de lo producido.

A los que se resisten a creérselo, suerte!

Y a los que os lo estáis pensándolo o empezando a trabajar, ánimo!

El futuro, digan lo que digan, será positivo, y será de los que se hayan puesto las pilas con más entusiasmo.


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