Archive for 24 julio 2011

Los Grandes de España y la fotografía.

julio 24, 2011

En los siglos XVI y XVII, los nobles españoles disfrutaban del privilegio de administrar o por lo menos de ser beneficiarios del impresionante flujo de dinero que, en forma de oro, plata y otros productos exóticos venían de las Indias.

Las mejores familias se ocupaban de que sus hijos estudiaran judicatura, teología o que formaran parte de los cuerpos de mando de los imponentes ejércitos de los monarcas castellanos. Castilla, por entonces, era el lugar donde se concentraba el mayor poder territorial que la tierra ha conocido. La comparación del Imperio español con el romano hacía palidecer a Escipión y a Julio César.

La impresionante maquinaria administrativa capaz de mantener el control a tan vasto imperio necesitaba a gente instruida. Por eso hubo una enorme avance en educación y se fundaron muchas universidades. Dice la Wikipedia que “hacia 1580, llegaban a Salamanca 6.500 estudiantes nuevos cada año”. España se convirtió en un país de administradores. Los nobles despreciaban el comercio y la industria como actividades poco decorosas, aptas para judíos o gente llana con ansias de las riquezas que no poseían. El que era noble de verdad y tenía grandes latifundios lo demostraba no dando palo al agua y dedicándose a la corte, la intriga y quizás a encargarle un retrato a Velázquez.

Unos cuantos siglos después, seguimos pagando la ausencia de una auténtica industria y la mayoría de nuestras empresas más pujantes, lo siguen siendo precisamente por el mismo motivo que antiguamente: porque tenemos un mercado casi cautivo en Latinoamérica.

No es la primera vez que utilizo la historia de España para introducir un asunto relacionado con la fotografía. Así que preparados, que ahí va.

Conozco a muchos fotógrafos y aspirantes a fotógrafos que no han tenido nunca la intención de vivir de la fotografía. Dicen que es imposible. Dicen que no hay mercado, que la cosa está muy mala, que para hacer mierda es mejor vivir de otra cosa.

El otro día, en una proyección de fotos de las Baladas del Cíclope Mecánico en Lisboa, conocí a una pareja que hacen proyectos fotográficos personales. Él proyectó un trabajo sugerente y muy poético. Cuando luego fuimos a cenar, me contaron que también hacen bodas. Me lo dijeron un poco con la boca pequeña, como preocupados por la imagen que me haría de ellos. Hacen bodas y se lo toman bastante en serio. Pagan sus facturas con las fotos de ¡vivan los novios!. Estos jóvenes fotógrafos me gustaron porque son lo contrario de los nobles españoles del Siglo de Oro. Son como los holandeses o los ingleses de la misma época. Se remangan, toman aire y se lanzan al mercado. Piensan en qué van a ofrecer a sus próximos clientes, piensan qué pueden hacer para ganar 100 euros más la próxima sesión. Son jóvenes emprendedores que no duermen sobre el plácido colchón de la dulce poesía. Su trabajo les ennoblece y les permite enfrentarse a sus proyectos personales sin la losa de la mendicidad ni de la deuda.

Me encantaría ver a más fotógrafos con algo más de espíritu emprendedor. Que no busquen un trabajo, sino que lo creen. Que piensen por sí solos cuál es la mejor manera de buscarse la vida. Parece hoy me ha picado una mosca calvinista, pero es que no todo puede ser etéreo e ingrávido.

Lo que os voy a enseñar es un video de una joven pareja canadiense que anuncia su negocio de fotos de bodas.  No seáis demasiado duros con las fotos; quedáos sobre todo con el espíritu de lo que cuentan.  Esto está dirigido a los que están en paro, a los que están empezando. A los que están a punto de rendirse.

Si cuando lo veáis arrugáis la nariz como si oliera mal, enhorabuena, sois Grandes de España.

Si os anima a trabajar y a tirar para adelante, quizás seáis parte de lo que necesitamos para salir de esta pesadísima crisis.

Y si pensáis que hacer este tipo de trabajo va a influir negativamente en vuestros proyectos documentales y/o personales, mirad: Brent Foster, el chico de la gorra, es coautor de esta pieza de la que hablábamos hace 2 semanas: Wasteland.

Gerd Ludwig. Un fotógrafo todo proteína.

julio 18, 2011

En estos tiempos de fotografía a granel, en estos tiempos en los que se dice que las fotos ya no valen nada porque cualquiera puede hacerlas, me viene a la mente el trabajo de un fotógrafo alemán de los que peinan canas hace mucho tiempo. Se trata de Gerd Ludwig. A veces me he preguntado si Gerd es el mejor fotógrafo del mundo. Sí; así de excesiva es mi pregunta. Supongo -sé- que no es así. Sé que tiene grandes limitaciones, pero no deja de sorprenderme la cantidad de fotos que se sostienen por sí solas sin necesidad de estar arropadas por un gran proyecto alrededor, aunque todas lo están. Gerd Ludwig ha destacado por su magnífico trabajo de largo alcance sobre las cenizas de la URSS. Ya sabéis lo mucho que me gusta ese tema. Pero es que Ludwig empezó hace mucho y aún no ha terminado. En su página web veréis colecciones relacionadas con este asunto y otras historias también llamativas, aunque ninguna como aquellas relacionadas con la URSS. Fijaros en que sus fotos son todas especiales. No tiene nada de grasa o hueso. Todo es filete y todo alimenta. Ahora que parece que nos conformamos con ver fotos de las cosas más normales en las situaciones más normales, el trabajo de Gerd Ludwig destaca porque no son banales ni huecas. Son completamente tangibles, lo que hoy en día resulta una auténtica rareza.

También veréis algo de publicidad, que es mejor ni mirar. Además hay un multimedia que se llama Russian Destiny en el que se resume casi todo su trabajo sobre Rusia. En esta pieza habla de su vida y de su relación con la URSS. Esta pieza es lo mejor que tiene Gerd. Es un relato acompañado de imágenes que nos explican perfectamente cómo ha sido la evoulucón de la URSS, aunque la verdad es que la narración del fotógrafo alemán, locutada en inglés con algo de acento, no es de lo más ameno que he conocido. Como multimedia es muy primitivo.

Para rematar, podéis ver su vídeo de Kickstarter en el que nos pide que le apoyemos para finalizar su proyecto. Es una pieza que no sabría definir bien, pero que me ha hecho reflexionar acerca de este nuevo formato con el que los autores reclaman la atención y los dólares del público a través del croudfunding. Anuncio?, presentación? qué es eso? Un terreno que merece un post en sí mismo.

Manipula, que algo queda.

julio 11, 2011

Una vez vi en medio de unos graves altercados a un fotógrafo que, a pesar de llevar colgando dos grandes y profesionales cámaras, estaba grabando los acontecimientos con el móvil.

De toda la vida de dios el objetivo de los fotógrafos de prensa ha sido proporcionar a sus clientes la mejor, la más espectacular imagen posible. Con ese fin se han ido desarrollando las cámaras más manejables, los carretes más rápidos, las lentes más angulares y últimamente, las digitales con mayor sensibilidad ISO y que graban vídeo tal cual como si fuera cine.

Pero ya hemos dado una vuelta de campana. Como ahora todo el mundo tiene un móvil que mal que bien, graba vídeo y hace fotos, parece como si la garantía de veracidad de lo que vemos estuviera relacionada con la mala calidad de la imagen. Ese reportero y su editor lo sabían, así que decidieron emitir en su cadena una imagen como si la hubiera tomado un protagonista de los acontecimientos. Alguien que sólo tiene un móvil y que por lo tanto no ha manipulado lo que está viendo.

Pensando en estas cosas, me han venido a la mente algunos ejemplos de cómo los mismos acontecimientos vistos de una manera o de otra, tienen un efecto muy muy distinto.

Por un lado, el tsunami Japón con el móvil:

Por otro lado, el tsunami de Japón a todo trapo:

Probemos con otro desastre. El terremoto de Haití con el móvil:

Y ahora, el terremoto de Haití como en Kinépolis.

Los dos vídeos hechos con técnicas cinematográficas depuradas han despertado muchas discusiones entorno a lo ético que resulta o no hacer del desastre un objeto artístico. También se ha dicho que es una excesiva manipulación de los hechos. Que están dramatizados y por lo tanto se sobrepasa la barrera de lo periodísticamente correcto.

Intuitivamente estoy de acuerdo con estas acusaciones, pero al mismo tiempo me pregunto: ¿dónde está el límite en el embellecimiento de las desgracias? ¿En Salgado? ¿en Nachtwey? Y para terminar, el periodista que hacía un vídeo con el móvil: ¿Estaba informando objetivamente o manipulando al espectador?

Macabro y poético epitafio. “Diary”.

julio 4, 2011

Uno de los últimos posts de la etapa anterior de este blog hablaba de Restrepo, ese documental sobre la guerra de Afganistán que se ha hecho tan famoso. Ya era famoso antes, pero desde que su autor, Tim Hetherington murió en la guerra de Libia, ha alcanzado cotas dignas de un best seller. Igual que su autor.

El malogrado Tim, calco actualizado de Larry Burrows, legendario reportero muerto en Vietnam, murió como mueren los grandes: en plena faena e inmediatamente después de un gran éxito. Lo que uno se pregunta es si merecía la pena morir en Misrata para hacer un proyecto personal sobre la violencia y su iconografía. Porque después de años en el frente, Tim Hetherington había llegado a la conculsión de que los combatientes de todo el mundo, en su mayoría hombres muy jóvenes, reproducen en sus batallas las imágenes de otras batallas que han visto en la pantalla. Tanto imágenes reales como de ficción. Lo cierto es que Tim Hetherinton, nominado al Oscar, sin tener la menor necesidad ni económica ni profesional, se fue a jugarse el pellejo sin nadie que le pagara los gastos. Se fue a Libia a comprobar cómo los combatientes rebeldes libios se enfrentan a sus enemigos con ropa de camuflaje y gafas de ventisca, sobre pick-ups Toyota identificadas con grafitis cutres. Como dice el muy rebelde y ya experimentado Manu Brabo, “esta guerra es lo más parecido a Mad Max que he visto”. Y de eso iba la historia de Tim. De la retroalimentación de las guerras con la iconografía creada año tras año en los medios de comunicación y películas y cómo esto afecta a la manera misma de hacer la guerra. De la percepción que los jóvenes combatientes tienen de sí mismos y de cómo, de alguna manera, eso afecta al desarrollo de la actualidad en los medios y en última instancia, a las decisiones políticas.

Porque Tim Hetherington era casi un filósofo. No estaba tan apegado a la fotografía ni al periodismo en sí, como a la experimentación y la investigación del género humano a través de sus propias experiencias.

Por eso hoy, lo que quiero resaltar es esa pieza que se llama Diary y representa una especie de epitafio intuitivamente producida no mucho antes de la muerte de su autor.

Es una pieza muy personal, hipnótica. Una pieza que usa el montaje con maestría. El ventilador en el techo, una evidente referencia al principio de Apocalypse Now (3:54).  El audio es también muy protagonista y refleja mejor que muchos otros el auténtico sonido de la desolación del crepitar de las armas. No hay una sola foto, el vídeo es de mala calidad, de cámara cutre. Pero está utilizado con total libertad. Encuadres imposibles, imágenes bocarriba, planos casi abstractos. Todo lo que en principio nos anuncia aburrimiento, y sin embargo nos entrega tensión. Nos emociona. Será porque Tim está muerto, pero este video me pone los pelos de punta.


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