Archive for 26 julio 2010

Propongo un juego para este verano.

julio 26, 2010

Los que leen este blog con regularidad ya saben que es incorruptible y completamente impermeable a las sugerencias por parte de los lectores. Pero, ay! quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra. La semana pasada un lector y amigo me mandó un enlace de algo que me dejó completamente petrificado. Quizás ya lo conocéis todos, pero si no es así, os vais a quedar de piedra.

Resulta que Jon Rafman, un multifacetiquísimo artista (al igual que el que me chivó el link), se ha dedicado a recopilar, es decir a editar fotos de Street View de Google. Ya sabéis, esos cochecitos que tienen cámaras que disparan en todas las direcciones y que están acumulando miles de denuncias por todo el mundo por infringir todas las leyes que protegen la intimidad y la imagen de las personas. Pero lo que hoy reflexiono no va por ahí. El de las denuncias es un tema duro, que no combina bien con estos días de bañador y cerveza congelada.

Pues bien, si miráis la colección de fotos que Jon ha colgado en esta dirección comprobaréis que, al margen de la calidad de las imágenes en términos de píxels, lo cierto es que hay muy buenas fotos. Muy, pero que muy contemporáneas. Mirad las 11 páginas que hay.

Y ahí va la reflexión: el cochecito de Google debe haber fotografiado millones de kilómetros de calles de todo el mundo. Por lo tanto, hay cientos de millones de fotos hechas desde la calzada, en las que aparecen lugares y personas, que a veces son inquietantes, cómicas, trágicas o simplemente incomprensibles. Algunas son del tipo fotos perfectas y otras son instantes decisivos. Total, que parece que una buena manera de hacer fotos es fotografiarlo absolutamente todo y luego simplemente editar lo que sirva para algo. Jon Rafman no ha hecho las fotos que aparecen en su recopilación, pero sí ha ejercido de editor. Y ha sido un buen editor! Con un criterio estable pero no monótono. Ha encontrado un buen equilibrio formal entre todas las fotos y lo que es más difícil: ha construido un discurso poniendo una foto tras otra hasta dejarnos una sensación muy definida de desasosiego ante un mundo que a menudo no parece tener explicación. La edición de Jon es excelente. Me gusta editar. Me gusta la edición. Me gustan los editores. Hay buenos fotógrafos que son pésimos editores y ellos solitos se hunden la vida por no saber construir un discurso. Hay editores que no han hecho una foto en su vida, que sin embargo son verdaderos artistas.

Propongo un juego para este verano: ¿hacemos una edición común de Street View? Lo único que hay que hacer es ir a Google Maps y arrastrar el icono que representa a una personita naranja a cualquier calle. Cuando has encontrado una foto que te gusta, haces una captura de pantalla (manzana + mayúscula + 3 en Mac). Me la mandáis por email, y al final de verano, si tenemos una buena colección, la publicamos aquí.

De cartujos y astronautas.

julio 19, 2010

Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce, trece, catorce, quince, dieciséis, diecisiete y dieciocho.

Dieciocho años tardó Rafa Trobat en completar su monumental trabajo sobre Nicaragua, “Aquí, junto al agua” editado por Lünwerg. En 1991, que es cuando empezó el proyecto, fue el año de la Primera Guerra del Golfo. Bush padre estaba en la Casa Blanca. La URSS se disolvió oficialmente y Britney Spears hizo su primera aparición televisiva. Muchos de los que leen esto ahora jugaban a las canicas en el recreo.

Rafa Trobat estuvo en Meeting de Ojo de Pez. Yo también estuve allí y os cuento:

En la librería que La Fábrica había puesto en el patio de la Virreina había dos ejemplares. Yo me llevé el que estaba plastificado. Un segundo después T.S. se llevó el que quedaba. Por primera vez, le he pedido a un autor que me firme su libro.

La lista de los que han participado en su libro parece el reparto de una película de un imaginario Hollywood de la fotografía. Las páginas de agradecimientos incluyen a personas que hace décadas que no ve. Rafa Trobat dice con modestia inverosímil que buena parte del mérito la tiene Cristina García Rodero, que le ha seguido durante todo el recorrido, ayudándole a editar y a sacar de debajo de las piedras aquello que ni él mismo era capaz de encontrar.

Pero lo que dice es verdad. Las fotos de Rafa Trobat son deduoras de Cristina García Rodero hasta límites poco frecuentes. En su caso, la cosa va más allá de la clásica continuidad maestro-discípulo. Cuando uno hojea España Oculta, con sus niñas vestidas de ángeles y la grotesca sonrisa de los borrachos extasiados, cree que todo eso es algo que ya no existe, o que sólo Cristina García Rodero es capaz de ver. Pues no; Rafa Trobat lo ha encontrado en Nicaragua. Le ha pedido prestados los ojos a Cristina y se los ha llevado de paseo por ahí. Y que nadie crea que es un asunto fácil, porque calzarse los ojos de Cristina García Rodero es una decisión muy, pero que muy valiente. Si decides que ésa es la manera en la que quieres fotografiar, sabes que vas a picar piedra durante mucho tiempo, porque esas fotos no están ahí, en cualquier esquina. Cada una de las fotos de “Aqui, junto al agua” es la punta de lanza de algo con lo que muchos habrían hecho toda una carrera, pero que Rafa Trobat ha dejado en el cajón de los descartes. Decidir fotografiar de ese modo, emprender ese camino, es como decidir ser cartujo, o astronauta. O vas en serio o no puedes ir.

Me da la sensación de que a Rafa Trobat no le va a resultar fácil abordar y bordar otro proyecto como este. Dieciocho años son muchos para un sólo libro, pero es que esto no es un libro, es un ladrillo de la Historia de Nicaragua y otro de la fotografía española.

Lo único que le recrimino con contundencia es que no tenga una página web donde se pueda ver su trabajo. Os vais a tener que buscar la vida, o que compraros el libro, que es lo suyo.

El fútbol termina la Transición.

julio 12, 2010

España ganó el mundial. Ya era hora. Ya era hora de romper el tenebroso techo de cristal que nos impedía llegar más allá de cuartos. Finalmente los españoles que hoy tienen entre 20 y 30 años han superado los miedos heredados del retraso histórico español que comenzó después de Carlos III, profundizó con la guerra de Cuba y acabó de hundirse con los 40 años de dictadura.

Se acabó la España acomplejada, la España que no habla inglés y la de “como en casa, en ningún sitio”. Empieza una era en la que los futbolistas españoles, uniéndose a otros fabulosos deportistas como Gasol, Alonso y Nadal, se presentan ante el mundo con la cabeza bien alta y seguros de sus capacidades. Lejos del derrotismo y del miedo al coco.

Y esto me hace pensar en cómo va el mundo de la fotografía. España ha dado un sólo ganador de la Foto del Año en el World Press Photo, si se me permite la analogía. Manuel Pérez Barriopedro fue, en 1981, el ganador de este gran reconocimiento, con la foto del infausto Tejero protagonizando el epílogo de un mal sueño que había acabado unos años antes.

Manuel Pérez Barriopedro trabajaba para la agencia EFE en aquella época. Yo le conocí en Amsterdam hace unos años, cuando fuimos a la reunión de ganadores de WPP, en el 50 aniversario del certámen. Manuel me contó que en aquella época los fotógrafos no eran dueños de sus fotos. Nunca ha podido sacarle ni un euro a la imagen que dio la vuelta al mundo en 1981. Pertenece al archivo de EFE y punto.

España ganó, a través de Barriopedro, un gran premio, con una foto cuyo sujeto era su propio drama. Entonces no había fotógrafos españoles trabajando por el mundo, o si los había, no se hacían notar demasiado.

Hoy las cosas no son así. Los jóvenes ya viajan con asiduidad, hablan idiomas, participan de blogs y certámenes internacionales. Los españoles ya no están encerrados en la arena española; están jugando en todos los campos posibles y por eso mismo, creo que es posible y deseable que los jóvenes fotógrafos empiecen a ocuparse de temas universales, que empiecen a creer que pueden ser ellos los que creen la noticia. Que sean ellos los que marquen la agenda. Que empiecen a destapar grandes historias, que ganen concursos, que publiquen libros, que escriban blogs, que den conferencias y expresen su opinión.

La victoria del equipo de del Bosque, me atrevo a decir, que marca el verdadero fin de la Transición. Y es así porque ya la gente, el público, no siente complejo por enfundarse una bandera española. Y no lo sienten porque simplemente les traen sin cuidado los atavismos viejunos que han emponzoñado incluso a los de mi generación. A los chavales, nacionalismos a parte, les importa muy poco lo que pueda significar la rojigualda para algunos. Les importa el fútbol, la fiesta y la competición.

A los fotógrafos espero que les pase lo mismo. Masats no está en Magnum porque su generación estuvo al margen del mundo. García Rodero está casi como compensación obligatoria, aunque haya bastantes más fotógrafos españoles que lo merezcan. Los que hoy están empezando puede que entren en Magnum, o puede que les importe un cuerno. Lo importante es que fotografíen más allá de sus fronteras y que se midan con el resto del mundo y no sólo con sus vecinos. Pueden y creo que deben.

El miércoles 14 Manuel Pérez Barriopedro y yo daremos una charla aquí.

El fotógrafo sobreexpuesto.

julio 5, 2010

Hay un fotógrafo que conocí en un conocido festival de fotografía que cada equis tiempo me manda una newsletter en la que me mantiene al día de sus exposiciones, de sus publicaciones, de los nuevos contactos que ha establecido, y de la cantidad de cosas que hace. Estos newsletters están llenos de agradecimientos, de nombres, de fechas, de direcciones y sobre todo, de sí mismo.

Este fotógrafo, cuyo valor artístico no discuto, está aumentando discretamente las líneas que pueblan su currículum, pero a costa de sí mismo. Yo, que al principio recibía sus noticias con expectación, he llegado a sentir hastío cada vez que recibo sus newsletters autopromocionales. Si eres un editor o un galerista, ¡cuidado!, como te pille por banda, la única manera de quitártelo de encima es prometiéndole una exposición o un libro de tapa dura.

La autopromoción es un arma de doble o triple filo. Es muy fácil excederse. La línea que separa la tenacidad con la pesadez es muy fina. Los fotógrafos somos un poco como empresas, como marcas. Tenemos que hacer un gran trabajo y los demás tienen que enterarse de que lo hemos hecho. Tenemos que participar en festivales, participar en concursos, publicar en medios de mucha difusión, tener páginas web actualizadas, blogs interesantes y siempre contestar a los emails, por inoportunos que sean. Por cierto, también tenemos que ganar dinero, porque digan lo que digan, el reconocimiento público no siempre va ligado a la fortuna pecuniaria. Así que tenemos, como poco, tres trabajos: el que nos da de comer, el que nos alimenta y el de mantener encendida la llama que hace que los demás nos vean.

Estoy reflexionando muy seriamente tomarme un año de vacaciones de autopromo y dejar de hacer nada que no sea producir. No más concursos, no más festivales, nada de visitas a editores, nada de copas de compromiso ni nada de nada de eso. Haciendo un cálculo a ojímetro, me sale que ganaría por lo menos un par de meses al año que ahora mismo estoy dedicando a cosas que son periféricas a lo que realmente me interesa. Quizás haga el experimento. Me borro del mapa hasta el año que viene, me dedico a trabajar y ya veremos si he desaparecido o si vuelvo con más fuerza y con mejor trabajo.

Estoy seguro de que no soy el único que siente que ha cedido demasiado tiempo al terreno del automarketing. Una cosa es poner una doble página en el NYT y otra muy distinta es repartir folletos a la boca del metro. El fotógrafo que me manda sus muy enjundiosos newsletters es como esos folletos de Iberia o de Visa que te llegan al buzón. Revistas de papel de 200 gramos y con barniz brillante, pero con dentro la nada más absoluta: promociones, descuentos y quincallería. Este buen artista está sobreexpuesto, desdibujado, lavado. Igual que una foto que ha recibido demasiada luz, el fotógrafo que deja el obturador abierto demasiado tiempo, corre el riesgo de quemarse y perder la esencia de su propia imagen. Y en esto no hay más que modo manual.


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