Archive for 26 abril 2010

Desde Kosovo.

abril 26, 2010

De nuevo estoy al otro lado del Atlántico. En un pegajoso país centroamenricano, documentando la parte fea de los limones frescos del Caribe. Concretamente, en un barrio al que llaman Kosovo, así que de momento tengo que suspender las entradas de este blog hasta que pueda volver a escribir con algo de concentración. El blog es perfecto para cuando estoy en mi casa, pero es casi imposible alimentarlo cuando estoy de faena. Si puedo, lo actualizaré a mediados de semana. Si no lo hago es que es del todo imposible.

De coros y solistas.

abril 19, 2010

Me pasé los 10 primeros años de profesión fotográfica en soledad. Desde que decidí que me dedicaría a hacer fotos hasta hace unos dos años no hablaba con fotógrafos. No iba a festivales, no conocía a nadie que se dedicara a lo mismo que yo. Conocía a algún fotógrafo de moda o de publicidad, pero nunca fui amigo de ninguno.

Es que hace no mucho era muy difícil comunicarse. O te veías en persona, o no había manera de saber qué estaban haciendo los demás. Estabas en tu burbuja intentando adivinar cómo se hacía eso de ser fotógrafo. De pronto apareció Lighstalkers y las agencias empezaron a poner más y más contenidos de su trastienda en sus páginas web. Luego la explosión de los colectivos, los blogs, unida a la proliferación de escuelas, talleres y rondas de porfolios hicieron que miles de fotógrafos más o menos consagrados se pusieran en contacto entre sí. Los principiantes parecían más profesionales y las vacas sagradas que se exponían al público, parecían mucho más humanos.

En estos años de travesía en solitario, movido por la sospecha de que los buenos fotógrafos en realidad tienen varitas mágicas, he trabajado duro para suplir la carencia de mi propia varita mágica por una férrea determinación que me ha llevado a producir por lo menos un buen trabajo.

Me he estado planteando que la era del aislamiento, que hemos definitivamente abandonado, no era del todo mala. Era una manera cruel pero efectiva de poner a prueba la fuerza de voluntad del aspirante a fotógrafo. Hoy, rodeado de colegas con los que comentar cada paso, leyendo en los blogs del mundo cómo hacen las cosas tal o cual fotógrafo, me da la sensación de que uno se siente más arropado, más entre amigos, por lo que la necesidad de romper barreras ya no es tan acuciante. También creo que compartir muchas cosas con mucha gente en los primeros años de actividad tiene la ventaja de proporcionar algunos atajos, pero también puede privar de algunas experiencias que pueden ayudar a darle forma a la voz individual de cada cual.

Hoy hay más coros que solistas en esto de la fotografía, lo que refleja, sin duda, la vida en todos los demás aspectos. La vida se ha convertido en un contínuo compartir. Curiosamente, ha resultado que el avance de internet, que se suponía que nos iba a convertir en seres nocturnos y aislados, nos ha ayudado a ampliar nuestras redes sociales de tal manera que nos cuesta trabajo concentrarnos en dar con lo que realmente nos interesa a título individual.

Dos de cal y cuatro de arena.

abril 12, 2010

Este fin de semana he encontrado muchísimas cosas de las que escribir. Tantas que no sé ni por dónde empezar. Otras, simplemente no quiero compartirlas hasta que no las haya exprimido hasta el tuétano. Así que voy a compartir dos series de una fotógrafa.

Justine Reyes tiene una serie de bodegones que se llama Vanitas y que me gusta mucho. Supongo que a algunos no les gustará porque es un trabajo muy pictorialista y el pictorialismo está muy mal visto. Bueno, con la excepción de Gregory Crewdson y, desde un punto de vista más conceptual, Jeff Wall. Por cierto, un día quisiera hablar de Jeff Wall, pero es que no me atrevo, porque es un autor del que todavía no he logrado desentrañar bien la médula. Llevo unos años mirándolo de reojo y sigo sin acabar a echármelo a la cara de una vez.

A los que no les guste Vanitas, sin embargo sí que disfrutarán con Home, Away from home. Una muy buena serie de retratos de su familia más cercana. Leed la introducción que todo queda muy clarito.

Las otras series, totalmente prescindibles desde mi punto de vista. Ahí os espero. Otra cosa digna de admiración es el curriculum de Justin Reyes. Abrumador, aunque no sé por qué, esa interminable lista de méritos me sugiere más inseguridad que otra cosa.

Hay autores que mantienen una coherencia de acero durante años. Hay eclécticos y experimentadores . Y luego están los que hacen algo bueno de vez en cuando. Yo creo que Justine está más bien en esta último grupo, pero lo que me gusta de lo que hace, me gusta mucho.

¿De dónde salen los proyectos?

abril 5, 2010

Un ingeniero con ataques de pánico. El segundo en su familia en tener educación secundaria. Un tipo que deja su trabajo en la Standard Oil gracias a nada menos que tres becas Guggenheim, con las que se dedica 2 años a fotografiar a gente dentro de sus casas. No es fácil meterse en casa de la gente, sobre todo si eres un tipo retraído, con muchas dificultades para relacionarte con la gente. Divorcio, separación de su propio hijo, deja su casa, vive en una furgoneta. Deja  su trabajo después de 21 años. Otro trabajo, otros 8 años y luego el despido de nuevo. El sueño de ser fotógrafo o profesor de fotografía, incumplido por no saber mantener la boca cerrada. Por protestar, por morder la mano que te da de comer. Marginalizado, ignorado por los oficiales y los no oficiales. A finales de los 80 mete todas sus fotos en cajas, dentro de un almacén  y abandona definitivamente la fotografía. Un día este hombre responde a un anuncio de un periódico y conoce a su mujer, con la que empieza una nueva vida dedicada a la consultoría para aquellos que sufren abusos laborales. Lo que hoy llamamos mobbing. Porque todo esto es la vida de alguien nacido en los años 30 y cuya sorprendente página web explica muy bien a lo que se dedica.

Después de su experiencia con las becas Guggenheim, Chauncey publica “Interior America” con la Fundación Aperture. A pesar de que esta circunstancia se puede considerar un éxito, a él le parece un fracaso en cuanto que todos los que intervinieron en la producción de este libro lo hicieron mal y sin tener en cuanta la verdadera intención de su autor.

Así que cuando ve que se va haciendo mayor decide que es hora o de destruir sus negativos para no seguir pagando su almacenaje o de donarlos a alguna institución que se comprometa a cumplir una serie de condiciones durísimas incluso para alguien que fuera muy conocido, que no es su caso. Finalmente en la Bancroft Library de la universidad de Berkeley aceptan sus férreas exigencias y por fin, con la ayuda de Steidl, publican “Protest Photographs”. Un libro de retratos de gente en sus casas. Casas normales, de gente trabajadora, con muebles y decoraciones básicas. Casas pequeñas, gente cansada, gente triste y sombría. Muchísimas fotos de gente que refleja el horror de la rutina, del trabajo alienante y la casa que apenas reconforta. Fotos de protesta. Fotos que nos recuerdan que trabajar para que unos señores accionistas tomen el sol en Florida, mientras los empleados de sus empresas subsidiarias, a miles de kilómetros, erosionan cada uno de sus días hacia un final de simple desvanecimiento no es lo que debería ser. Es muy frecuente, pero no es ni justo ni normal.

Este libro me ha hecho reafirmarme en la idea de que lo único que tiene sentido hacer es o bien los encargos profesionales, o bien aquello por lo que uno se siente realmente afectado. Que los proyectos o salen de dentro de verdad, o mejor que no sean. Este libro me ha dado muchas ganas de profundizar en un proyecto que estoy tímidamente empezando. Me temo que me afecta de verdad, así que tengo que decidir si me pongo a ello o no. Y no es una decisión fácil, porque podría llevarme años. Cuando lo decida del todo ya diré algo.


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