Archive for 28 septiembre 2009

La realidad puntúa doble.

septiembre 28, 2009

Estoy en un misterioso lugar, haciendo un misterioso trabajo, para un misterioso cliente. Lo que sí diré es que se trata de un trabajo publicitario. Y ese es el punto de partida de este artículo. ¿Cómo es la fotografía publicitaria hoy en día? Cómo se hacen las imágenes que pueblan, cada vez menos, las páginas de los periódicos y revistas?

Pues lo cierto es que hacer fotos es sólo una parte del proceso. Las fotos directas de la realidad son ya franca minoría, respecto a los fotomontajes y creaciones fotoilustrativas. El otro día leí que en Francia se están planteando poner un pequeño texto al pie de las fotos retocadas o simplemente montadas. Algo así como “cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia”. Tan lejos ha llegado la fiebre del Photoshop, que las autoridades empiezan a plantearse lo fuertes que pueden ser los efectos de creer que la publicidad es la realidad y que la realidad es una porquería que nos ha tocado vivir, mientras en Publicilandia todo es perfecto y brillante. Y si no, acordémonos de Michael Douglas en el Fast food en Un día de Furia. Qué gran momento de realismo real. Todos recuerdan también el maravilloso spot de Dove.

Pues aquí estoy, haciendo fotos para tener un montón de piezas, con las que después montaré una realidad virtual que algunos creerán auténtica. Lo cierto es que cuanto más virtuosismos de fotomontaje se producen, menos impacto tienen en la gente. A nadie le impresiona ver a un tío llevando un coche en la palma de su mano, o a una manada de jabalís, vestidos de esmóquin y volando. Todo el mundo sabe cómo se hace, así que ya no hay asombro.

 

Sin embargo sigue siendo impresionante ver una foto de una patera llegando a Canarias. Sigue produciendo escalofríos ver la cara de Charles Manson o ese vídeo en el que Hitler baila en una fiesta. Sigue emocionándonos ver a Federer llorando de impotencia, o cuando vemos gritar de alegría a alguien a quien le ha tocado un piso de Protección Oficial. Nos toca muy hondo saber que Obama es real y no una ficción.

 

Y es que la realidad puntúa doble. No toda la realidad, pero entre una realidad emocionante y una ficción emocionante, la realidad tiene un par de puntos extra porque sí. Porque creemos que podríamos ser nosotros los que estamos ahí. Sin embargo, es muy difícil sentir empatía con una creación de 3D. Aunque todo llegará. Y si no, id a ver Distrito 9. Puede que sea la excepción que desbarata casi todo lo que acabo de decir.

saddignton-&-baynes

Me quito el sombrero y me pongo las botas.

septiembre 21, 2009

Mi relación con Simon Roberts es inexistente, pero muy persistente. Hace años, cuando me di de alta en Lightstalkers, Simon preguntaba en el foro, si alguien había estado en Shenzhen y si podía darle algún consejo. Yo, como había estado ahí no mucho tiempo antes, le di algún consejo. Luego, cuando empecé a visitar Xinjang y a interesarme por las cosas que ocurren en Asia Central y las repúblicas ex soviéticas, Simon sacó su libro Motherland sobre Rusia. Fue un referente para mi proyecto. Cuando me uní a Reportage by Getty, vi que Simon ya estaba ahí. Cuando yo estaba terminando China Western y empecé a pensar que sería muy interesante empezar un proyecto en España, hete aquí que Simon Roberts, “el adelantado”, está ya poniendo en marcha su proyecto “We English”. Simon se fue de Reportage by Getty y se unió a Gallerystock. A ver dónde ando dentro de uno o dos años.

De cualquier modo, lo que quiero es presentar el libro We English, que acaba de salir y es maravilloso. Simon ha estado varios meses viajando en una autocaravana -no se puede ser más inglés- por todo el Reino Unido con su mujer y su hija. Alguien me contó hace poco que cuando les pillaron unas inundaciones se refugiaron en un hotel. Tampoco hay que ser estricto hasta morir. Sobre todo si llevas a tu prole contigo. Ha estado fotografiando todo tipo de celebraciones y pasatiempos típicamente ingleses. Ha disparado con cámara de gran formato y ha diseñado un libro muy bonito.

Pero lo que es realmente sorprendente es la asombrosa capacidad de Simon Roberts para planificar un proyecto. Tenía una página web en la que explicaba lo que iba a hacer. Un blog en el que iba contando sus aventuras (y donde se pueden ahora ver todas las fotos, con comentarios), una buena cantidad de patrocinadores, un editor perfecto, un planning de exposiciones y charlas, y lo mejor de todo, una especie de buzón en el que cualquiera podía proponerle ideas acerca de adónde ir y qué fotografiar. De este modo el trabajo de investigación estaba medio hecho. Además, por supuesto, cada uno quería que fuese a su pueblo. Simon, a cambio, prometía una copia firmada de su libro. Todo esto, bien estructurado y presentado. Creo que si Simon Roberts se dedicara a los hidrocarburos o al textil, estría en la lista Forbes, entre los primeros puestos. Es muy listo, muy trabajador y tiene muchísimo criterio. 

Una vez más, me quito el sombrero, y me pongo las botas.

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¿A lo ancho, o a lo largo?.

septiembre 14, 2009

He tardado una semana, pero finalmente he llegado a lo que podríamos llamar una reflexión sintética acerca de lo que he visto y experimentado en el festival de Perpiñán. A pesar de haberlo pasado muy bien y de haber conocido a gente muy interesante, hay un poso algo confuso en mi recuerdo de las decenas de exposiciones y proyecciones que vi. Prácticamente todas ellas son buenas. De alta calidad, buenas fotos. Casi todas las historias son de situaciones difíciles, peligrosas, o como mínimo, comprometidas. Así que, vaya por delante, máximo respeto por todos los fotógrafos.

Pero hay un asunto que llevo tiempo meditando y que estoy viendo con total claridad en estos días. Las historias de impacto, pero  liliputienses.

La historia de un hospital en India donde la gente va cuando está apunto de morir,  el ritual de momificacion de un lugar de Papúa Nueva Guinea o un reportaje sobre los 900 quirguises (clicar en Forgotten on the Roof of the World)  que viven en un poblado del Pamir. Pequeñas historias de casos concretos, fotografiadas en mucha profundidad, pero con poca envergadura, con poca contextualización. Para hacer un símil visual, diría que son historias como pozos muy hondos, de menos de un metro de boca.

Hace años se decía con insistente insistencia que un buen reportaje debía contar las dos partes de cada conflicto. Que era el deber del reportero o del fotógrafo, dar por lo menos unas pinceladas básicas de cuáles eran las circunstancias dentro de las que se desarrollaban los acontecimientos. No parece tener demasiado peso esta teoría hoy en día. Será porque la Wikipedia puede suplir ese telón de fondo, o será porque los medios de comunicación no tienen suficiente espacio en sus debilitadas páginas para publicar el número de fotos que un reportaje de envergadura necesita. Será también que los domingos no tenemos la cabeza para tesis doctorales y sí para saber cómo vive un diabético (Conectados a la vida), las aventuras del Spiderman francés o cómo es la Orquesta sinfónica de Kinshasha, (a la que en breve, supongo, veremos en un anuncio de Aquarius)

Las grandes agencias de fotos, históricamente han abordado este asunto promoviendo el trabajo en equipo. Varios fotógrafos distintos trabajando bajo un mismo paraguas amplio y cubriendo varias caras de un objeto. Los colectivos trabajan así de manera casi estándar. Con la posibilidad, en los medios interactivos, de presentar trabajos mucho más amplios, se está retomando esta buena costumbre y las grandes agencias están volviendo a promover el trabajo en equipo.

A mitad de camino entre un tocho sesudo y una incursión relámpago, están los fabulosos trabajos de Yang Yankang sobre el Tibet, el Bangladesh de Munem Wasif, El Red Journey de Nick Hannes, el Kirgizstan de William Daniels y la Georgia de George Georigiou.

Esros trabajos no cumplen tampoco con la máxima de la visión panorámica, pero por lo menos suponen una visión más en gran angular sobre los temas que tratan. Además, desde el punto de vista fotográfico, son excepcionales.

Como conclusión, llego a la reflexión de que aquel que quiera trabajar en proyectos a largo plazo y de amplio espectro, debe tener en mente, como soporte final, un libro. Y por eso existe el festival de Arles, creo. Para dar cobertura a todos esos reportajes que trascienden la noticia y nos cuentan el sustrato de la misma. En Perpiñán encontraremos casi siempre sólo la superficie de cada historia. Bien vestida, vistosa, impactante, pero que se detiene a menudo en la epidermis. Arles es más para medicina interna. Lo que no se ve, pero que conviene saber.

Y como los dos festivales están muy cerca de España, la recomendación final es que el que quiera ver buena fotografía y reflexionar acerca de cuál es aquella a la que se queire dedicar, que vaya a los dos. Es un buena manera de pasar el verano y de asomar el hocico por los recovecos de una actividad que está, como el teatro, en crisis crónica, pero que goza con una mala salud de hierro.

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De Perpiñán también vengo contento.

septiembre 7, 2009

Hoy he conducido 800 kilómetros de vuelta desde Perpiñán, donde se está celebrando el 21 Visa Pour l’image, el festival de referencia de fotoperiodismo. Iba con un poco de pereza porque el año pasado fue un poco frío, a pesar de estar entre los 4 finalistas. Este año tenía un proyección y quería verla. Pero las cosas a veces salen mejor de lo que uno imagina. Me lo he pasado muy bien. Es como si hubiera vuelto a los años en que iba a los festivales de publicidad. A pesar de la crisis, todo el mundo estaba de bastante buen humor. Todo el equipo de Reportage by Getty estaba dándose mucha caña para que se produjeran buenos encuentros entre fotógrafos y editores. Por las noches, buenas proyecciones y después, como si de un ritual se tratara, todos al mismo Café de la Poste, a empaparlo todo en alcohol.

Y este año ha corrido en abundancia. Como la cosa es larga, voy a señalar a algunos fotógrafos con los que he pasado más tiempo. No diré si son los mejores o no, porque eso me da igual ahora. Están aquí porque en este momento de acuerdo de ellos. Nada más.

Álvaro Ybarra Zavala, además de ser un excpcional fotógrafo, mundialmente reconocido, es un tío muy hablador con el que he pasado la mayor parte del tiempo.

Walter Astrada, en calidad de fotógrafo multilaureado este año, ha hecho gala de la legendaria galantería argentina, exitosa con todo tipo de gente.

Masie Crow es una menuda fotógrafa americana con la que nos hemos reido mucho mucho.

Maximiliano Brown grabó mi voz a las 4 de la mañana. Impedí que hiciera vídeo, por el bien de mi reputación.

Carl Kiilsgaard es un joven talento  con proyectos muy interesantes en la cabeza.

Andy Spyra es otro joven talento que lleva mucho trabajando en Cachemira. Además va al gimnasio y tiene tatuajes.

Ed Ou tiene un trabajo sólo para estómagos fuertes.

Tuvimos conversaciones picantes con Hana Karlova. Cuando aborda a un editor le pregunta si le interesaría una historia de sexo. No os perdáis su Big Sister.

También vi a Lorena Ros y a Fernando Moleres. Estaba Eugene Richards, Kadir Van Lhouizen, Phillip Blekinsop y varios otros fotógrafos muy reconocidos en este sector de la fotografía.

También estaban los de Periscopio, un festival de fotografía de Vitoria que en poco tiempo ha conseguido atraer a bastantes grandes maestros y no pocos destacados fotógrafos. Pero de ellos hablaré cuendo vaya a verlos, a finales de Octubre.

El Visa Pour L’image es un festival tan versado hacia el fotoperiodismo que a veces echo de menos un poquito de humor, algo de ironía y muy a menudo echo de menos mayores cualidades estéticas en las fotos. A veces se tiene la sensación de estar en un entorno muy moralista e incluso puritano, por lo que hay de denuncia en casi todos los reportajes sociales. Otras veces se tiene la sensación de estar en una especie de Museo de los Horrores, con una gran selección de imágenes macabras, a veces un poco gratuitas. Pero la mayor parte del tiempo uno siente que está compartiendo mesa y conversación con gente muy, pero que muy valiente y comprometida.

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